martes, 14 de diciembre de 2010

ZONA ERÓGENA

EL ESPEJO DE VIENTO-LUNA

María Luisa Arnaiz Sánchez

Figura de marfil para mostrar al médico la parte dolorida, XVIII. Museo Hermitage

EL ESPEJO DEL VIENTO-LUNA

   “…En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.

 Geisha frente al espejo, reinterpretación de Utamaro

   Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo: “Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes.” De su manga sacó un espejo bruñido por ambos lados; el espejo tenía la inscripción: Precioso Espejo de Viento y Luna. Agregó: “Este espejo viene del Palacio del Hada del Terrible Despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarlo por su mejoría.” Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.

Geisha frente al espejo, Utamaro

   Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrojó con espanto: el espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuño el espejo y miró: desde su fondo la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas. Kia Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisficieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir y lo encadenaron. “Los seguiré”, murmuró, “pero déjenme llevar el espejo”. Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto sobre la sábana manchada.”

Anónimo

   El título de este relato es una metáfora erótica del goce solitario, un raro testimonio en Literatura por la dignidad y la melancolía con que se suscita la autogratificación. La anécdota se encuentra en el casi infinito texto del llamado “Sueño del Aposento Rojo” o “Hung Lou Meng” del siglo XVIII, la más prestigiosa y exuberante de las novelas chinas con sus cuatrocientos veintiún personajes (ciento ochenta y nueve mujeres y doscientos treinta y dos hombres) y los variados temas que desarrolla. Se le atribuye a Tsao-Hsueh-Chin. 

Escena de Hung Lou Meng, Xu Baozhuan, XIX

   En “Génesis” 38, 8 y 9, dice: “Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano…Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya... cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra”, lo que hacía bien por un coito interrumpido, bien por masturbarse. Si desde la Antigüedad las costumbres tenían por norma que la viuda quedara en la familia del marido, por haber pasado a formar parte de un clan al que dar descendencia y por no tener que devolver la dote, san Jerónimo en “Jovinian” 1,19 se sirvió de Onán y declaró doctrinalmente: “¿Acaso imaginaba que aprobamos cualquier relación sexual excepto para la procreación?

Alegoría del verdadero amor, Memling, c. 1485
Metropolitan Museum of Art, New York
 Museum Boijmans Van Beuningen, Rotterdam

   La mujer muestra un clavel, símbolo de sus esponsales. En el caballo blanco aparece un mono, símbolo de lujuria, para indicar el egoísmo si el amante solo se preocupara de su autogratificación; el caballo marrón mira a la mujer para expresar lo contrario. 

Ilustración de “Pi” para “Onán”, 2009

   El asunto de la masturbación masculina ha sido desaprobado por lo general en la mayor parte de los pueblos bajo la creencia de que hacía perder sustancias esenciales, sin embargo los griegos y los hindúes la admitieron abiertamente a falta de pareja. Ahora bien, en distintas culturas, entre ellas la china de la que tratamos, se admitía la poligamia a diferencia del criterio occidental. Cada hombre poseía su propio harén con la consorte principal, las consortes secundarias y las concubinas. Los pasos rituales en esta jerarquía implicaban una serie de sutiles privilegios, verbi gratia: los encuentros con las esposas, cuyo fin era la procreación, estaban reglamentados según los días fértiles y podían alargarse hasta entrada la mañana; las concubinas adiestraban al señor en todo tipo de juegos y placeres aunque tenían que abandonar su cama antes del alba, etc. 

Anónimo

   En 1929 Salvador Dalí viajó a París para colaborar con Buñuel en el guión de “Un perro andaluz” y ese mismo año produjo “El gran masturbador”, obra que tiene como figura central al propio pintor y donde plasmó sus obsesiones sexuales. Adheridos al autorretrato hay unos objetos: un saltamontes desproporcionado con el vientre lleno de hormigas, un anzuelo, una cabeza de león, unos guijarros, conchas de playa, y, emergiendo del cuello de la figura, un rostro de mujer que se aproxima a unos genitales masculinos. 

El gran masturbador, Dalí, 1929. Museo Reina Sofía, Madrid

   La concurrencia de todos esos elementos contribuye a una misma idea: la masturbación es la forma más pura de la relación sexual para el pintor, de ahí que en lugar de boca el rostro de Dalí tenga un saltamontes con el vientre repleto de hormigas, que la cabeza de león con su lengua rosada y fálica signifique el deseo, que la mujer, cuya boca  se aproxima a unos genitales masculinos, emerja junto a un lirio, flor que tradicionalmente ha significado la pureza pero cuyo pistilo enfatiza el pene, que las pestañas indiquen la contraposición entre el sueño anodino de una consumación física irremediable y el sueño de que nuestros deseos se cumplan, etc.

Máquina de coser electro-sexual, Óscar Domínguez, 1934

   Homenaje del artista canario a Isidoro Ducasse, más conocido por el seudónimo Conde de Lautréamont, en referencia a su famosa comparación: “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. 

A LOS LECTORES:

Se recomienda que se amplíe a plena pantalla, símbolo en la parte inferior derecha, el documento audiovisual adjunto que pertenece a la película AMARCORD de Federico Fellini, 1973.


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