martes, 17 de enero de 2012

VÍAS MATEMÁTICAS

BOTONES DE BRONCE

Antonio Campillo Ruiz

Station, Max Radler

   Mañana ya estaré junto a las dos vías de mi estación, en la que todos los trenes que vayan de oeste a este estarán señalados, de acuerdo con el horario, con números impares, y en cambio los trenes que se dirijan de este a oeste, con números pares. Volveré después de tres meses a dirigir el tráfico, volveré a estar en la estación, por la que pasan las dos vías principales, y la vía de paso de oeste a este tiene el número uno y la segunda vía de paso de este a oeste tiene el número dos y después a partir de la vía número uno todas las vías a mano derecha tienen números impares, tres, cinco, siete y eso, y todas las vías a mano derecha de la vía de paso número dos tienen números pares, cuatro, seis, ocho, diez y eso. Claro que eso es para nosotros, para los empleados de los ferrocarriles del Estado, todos estos números, porque desde el punto de vista de un pasajero que está en el andén de la estación, por ejemplo en mi estación, entonces la primera vía es la quinta, la segunda vía es la tercera, la tercera vía es la primera, la cuarta vía es la segunda... 


   Y mañana por la mañana temprano me pondré el uniforme, los pantalones negros y la camisa azul, el abrigo del uniforme con botones de bronce que mamá me limpia con sidol, y después me abrocharé el precioso cuello que lleva tanto en el abrigo como en la capa el mismo distintivo, por el cual cualquier ferroviario reconoce cuál es mi categoría en el servicio. El botón del cuello le indica a cualquiera que tengo la reválida. Y luego la preciosa estrella bordada con hilo dorado pone en conocimiento de todos que soy aspirante a factor. Y además brilla en el cuello el distintivo más hermoso, una rueda alada parecida a un hipopótamo dorado. Y por la mañana saldré cuando aún sea de noche, mamá me estará mirando, estará inmóvil tras la cortina, igual que detrás de todas las ventanas junto a las que pase, detrás de todas habrá gente igual que mi madre, me observarán con un dedo en la cortina y yo seguiré andando hacia el río y allí en el sendero respiraré, como siempre, porque a mi no me gusta ir al trabajo en tren; así junto al río respiro con más libertad, aquí no hay ventanas, ninguna trampa, ninguna aguja clavada desde atrás en la nuca.
Bohumil Hrabal, “Trenes rigurosamente vigilados”


PUBLICACIÓN PROGRAMADA.

16 comentarios:

  1. Conmovedor. Es posible verlo y ver a las madres detrás de los visillos de las ventanas. Ahí estoy también yo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. He disfrutado con este texto un montón...Hace poco que descubrí a este autor, he leído "Una soledad demasiado ruidosa" y me pareció una verdadera obra literaria de una belleza muy especial a pesar de la crudeza de las imágenes reales o narrativas...
    Gracias por la reseña y las fotos.
    Besicos

    ResponderEliminar


  3. No soy un poeta,
    soy un principiante
    de palabras rimadas y pensadas
    para no herir los sentimientos
    de quienes las lean cuando se acercan
    cual inexperta mariposa
    a besar el aroma de los acantilados.

    Cada día se vive un verso diferente,
    motivo de sobra ilustrado
    para continuar el camino
    con la vista fija en el horizonte,
    apoyado en la esperanza y el sosiego
    no permitiendo el retroceso
    al más endeble de los pensamientos.

    Un beso de amor y ternura

    María del Carmen


    ResponderEliminar
  4. Las rutinas y jergas, profesionales nos consumen el seso hasta límites insospechados. Este ralto me ha abierto un mundo que, a veces, tengo olvidado. Magnífico, Antonio, MB.

    ResponderEliminar
  5. Rotinas de idas e vindas. Mecânicas.
    Um grande bj querido amigo

    ResponderEliminar
  6. Disfruté mucho este libro cuando salió, hace ya unos "cuantos" añitos.
    Lo que me ha fascinado es el cuadro de Max Radler. Es una preciosidad. No lo conocía, así que gracias por el descubrimiento.
    Un grandísimo abrazo para ambos y mis deseos de que lo paséis muy bien, que seguro será así.

    ResponderEliminar
  7. Tambien tenía sexto y revalida? Quizás por eso temía a las agujas en la nuca.
    Un abrazo

    ResponderEliminar


  8. Cuando mires las estrellas
    acuérdate de mi
    porque en cada una de ellas
    he dejado un abrazo para ti.

    Pasa un feliz fin de semana
    y serás protagonista
    de un millón de sonrisas.

    María del Carmen


    ResponderEliminar
  9. Isabel, tenemos la misma palabra para definirlo: conmovedor. Así es este cuento Bohumil Hrabal.
    La alegría de saberse toda la enorme maraña de números y vías, el orgullo de su uniforme y la libertad de ir caminando, impulsan mágicamente a este chico ante la mirada orgullosa de su madre y envidiosa de las vecinas.
    Es muy gratificante esa identificación que sientes con la madre del muchacho.

    Un fuerte abrazo, Isabel.

    ResponderEliminar
  10. Estamos de acuerdo, Cabopá. Bohumil Hrabal es un autor a tener muy en cuenta. Real, crudo y duro, como dices pero de una narrativa precisa y, a veces alentadora, a veces tan real que asusta.
    Me alegro mucho que este extracto seleccionado te haya gustado. Espero que el próximo sea también de tu agrado.

    Un fuerte abrazo, Maricarmen.

    ResponderEliminar
  11. Querida Gata Coquetuela, es una satisfacción poder leer tus versos refiriéndose a las publicaciones. Eres una maestra de versos y poemas, de rimas y ritmos, de amor por lo que lees y ternura por lo que sientes.
    Me alegro de tu visita y de que te haya gustado este pequeño extracto de una gran obra.

    Un inmenso abrazo, María del Carmen.

    ResponderEliminar
  12. Así es, Enrique. Nosotros, que hemos estado sometidos toda nuestra vida a esas rutinas de las que hablas, comprendemos la satisfacción de saber cumplir con tu obligación, saber todas los sentidos y números de las vías, y sentirse libre cuando se respira a pleno pulmón con la satisfacción de un deber cumplido.
    A la vez, creo que también hemos sentido el orgullo de la recompensa por el buen trabajo realizado y la atención que han tenido para con nosotros: los botones de bronce.
    Es un esbozo de nuestra vida.

    Un fuerte abrazo, Enrique.

    ResponderEliminar
  13. El trabajo es una rutina. Vestirse es una rutina. La vida es una rutina. Sí, Gisa, las rutinas cotidianas nos rodean y las acatamos.
    La cuestión es si podemos, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, sentirnos libres de no hacer lo que siempre hacemos.
    Cuando esto sucede nuestra mente se expande y respiramos mucho mejor…

    Un fuerte abrazo, Gisa.

    ResponderEliminar
  14. “Ostře sledované vlaky” (Trenes rigurosamente vigilados), Praga, Československý spisovatel, de Bohumil Hrabal, 1964, no fue traducida al español (desafortunadamente, como tantas otras cosas) ¡hasta 1988!, año en el que la adquirí y leí. Sí, Isabel, ha pasado mucho tiempo. Sin embargo existe un cúmulo de anecdotario a esta magistral pequeña obra, por ejemplo: que interpretada por Václav Neckář y dirigida por Jiří Menzel, la película “Ostře sledované vlaky” (Trenes rigurosamente vigilados), 1966, obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y está considerada una de las mejores películas de todos los tiempos. El guión cinematográfico fue escrito por el autor y el director.
    Recordarla es siempre un placer.
    Sí, como el factor nos ha dado un billete de largo recorrido, lo pasamos muy bien.

    Un fuerte abrazo, querida Isabel.

    ResponderEliminar
  15. ¡Efectivamente, Mariano! De algo nos debe servir la temida reválida, palabra arrinconada en el trastero del conocimiento y olvidada por quienes pretenden saber sin comprender y acumular. Una desgracia como otra cualquiera.
    Si hubiesen superado la “reválida de sexto”, se darían cuenta de que las agujas no sólo sirven para coser o hacer que las vías cambien de dirección. Sabrían protegerse de banales ataques de ramplonería ridícula.

    Un abrazo, Mariano.

    ResponderEliminar
  16. Querida Gata Coquetuela, posees una estrella que miro en estas largas y oscuras noches de invierno. Es tuya y, alrededor de las doce de la noche, observo que me hace un guiño y se ilumina un poco más. ¿Será uno de tus abrazos? Yo estoy seguro de que así es.

    Un inmenso abrazo, María del Carmen.

    ResponderEliminar