lunes, 16 de julio de 2012

LE MEPRIS

DE LA REALIDAD, LA MITOLOGÍA Y EL CINE

Antonio Campillo Ruiz


   “Cada mañana para ganar mi pan voy al mercado donde se venden las mentiras y lleno de esperanza me sitúo al lado de los vendedores”, dice Frintz Lang. “¿Qué es eso?”, le responde Camile (Brigitte Bardot). “Hollywood”, termina Lang.


   Una jovencísima y caprichosa Brigitte Bardot (Camile Javal), un esclavo Michel Piccoli (Paul Javal), un odioso y despectivo Jack Palance (Leremy Prokosch), una eficiente y condescendiente Giorgia Moll (Francesca Vanini) y un incomparable Fritz Lang (Fritz Lang), conforman el mundo de “Le mepris”, “El desprecio”, de Jean-Luc Godard, 1963.


   Un filme en el que la realidad se mezcla con la fantasía y la mitología. Un estudio de realidades vendidas al mejor postor o por falta de recursos y no de satisfacciones personales. “Solíamos vivir en un mundo de dominaciones en deliciosa complicidad” dice Camile a Paul. Súbitamente, cambia una relación que el espectador puede presuponer dominada por una incomunicación difícil de explicar o justificar. Godard, con su peculiar parsimonia narrativa, exprime hasta la última gota el alma de cada uno de los personajes que, creados por Alberto Moravia en su novela de 1954, con guión de él mismo y Godard. No se tiene piedad con los débiles y no se justifica a los fuertes. Los acomodaticios son los que ganan siempre.


   Con el peculiar estilo cinematográfico de Jean-Luc Godard podemos disfrutar de espacios abiertos en los que se materializa lo aprehendido por el espectador, algo difícil de expresar y hacer sentir. Podemos casi marearnos con sus panorámicas a derecha e izquierda que sustituyen a los planos/contraplanos que no son de su agrado. Podemos disfrutar de una excelente fotografía y unos puntos de vista que, en algunos momentos, son espectaculares, Y podemos disfrutar del metacine con un actor/director de lujo: Fritz Lang autointerpretándose.

   Sí, es un lujo poder ver y escuchar los comentarios de uno de los grandes realizadores de la historia del cine con una seriedad como actor tan importante como la alcanzada como director de películas míticas. Podríamos decir que la dirección de actores, que Godard cuida hasta su último detalle,  es muy acertada. Como lo es esa ambientación relacionada con el cine y alguna de las películas que para el realizador han sido un ejemplo de buen cine. Ordenadas por año de realización podemos apreciar en distintas escenas de la película referencias a: “Stazione Termini” de Vittorio de Sica, 1953; “Viaggio in Italia” de Roberto Rossellini, 1954; “Bigger than life” de Nicholas Ray, 1956; “Some Came Running” de Vincente Minnelli, 1958; “Río Bravo” de Howard Hawks, 1959; “Psycho” de Alfred Hitchcock, 1960 y “Questa é la mi vita”  de Jean-Luc Godard, 1962.   
     
                   
                                  

   Jean-Luc Godard realiza una amarga alabanza al mundo del cine, de la fantasía que puede proporcionar y de la inmensa separación  realidad/ficción de productores, directores, guionistas, actores y equipo técnico que crean realidades soñadas, mundos que aparentan una cotidianeidad que no poseen, quimeras que se desvanecen cuando el espectador abandona la sala de proyección.



6 comentarios:

  1. Es un lujo leerte, Antonio. ¡Lo que sabes de cine!
    A ver si aprendo algo, seguro que sí.
    Un abrazo.

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  2. No, no, Isabel, en una de las artes tan conocida como es el cine, con la cantidad de millones de críticas y el número de espectadores, nunca acabas de aprender.
    Es posible que pequeños detalles no advertidos por muchas personas, para mí, que he realizado y montado bastante cine propio y ajeno, sean más fáciles de captar.
    Por supuesto estudiando a los grandes directores de la historia del cine se aprenden los pilares de la percepción fílmica: cosmología, iconología, estética y dramática.

    Un fuerte abrazo, querida Isabel.

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  3. Enrique, me abrumas. Tenemos que tomar un cafelito para tirarte de las orejas porque tú si que eres un lujo de amigo.
    Godard siempre será Godard. Algunas secuencias de la película son excelentes. Ha enseñado a amar el cine como pocos lo han hecho.
    Ahora, a una edad larga, creo que debe seguir imaginando dónde colocar la cámara para que el plano sugiera más de lo que se ve en él.

    Un fuerte abrazo, Enrique.

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  4. Antonio desde que le sigo, he cambiado en la forma de ver las películas, yo siempre me he metido mucho en el tema y a disfrutar de la peli (veo unas quince películas en el año, no más, pero seleccionadas). Ahora cuando las estoy viendo, parece que me he vuelto más crítico, me fijo intencionadamente en la música, en el vestuario, en ambientación y siempre más pendiente de pequeños detalles, cuando anteriormente solo me interesaba el guión.
    Creo que es bueno, que gracias a usted estoy ampliando mis conocimientos y a valorar otros aspecto de la película, que antes pasaba por alto.
    No quiero hacer publicidad de mi blog, yo sé que usted me ha visitado en alguna ocasión, pero
    me gustaría que viera, si lo cree conveniente una entrada que tengo, de Estrellas de la Pantalla.
    Perdón por esto último.
    Un abrazo.

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  5. Amigo Manuel, me abrumas con tu comentario pero es para mí una satisfacción que personas como tú, tan interesadas por el mundo de la imagen, con un excelente blog que posee un tesoro en fotografías, me exprese que la imagen dinámica sonora la percibe más sutilmente.
    Es evidente que la película hay que disfrutarla en su totalidad pero estar pendiente de los acontecimientos narrados para percibir lo que de ellos se puede derivar y no sólo las fotografías o los diálogos es saber percibir fílmicamente el cine.
    Nunca debes sentirte cohibido cuando me escribas un comentario. Puedes escribir, solicitar, compartir, lo que quieras y en el momento que quieras. Nada hay más agradable que una opinión que puede ser tema de conversación. Además, siempre es un placer sentirse unido por un amigo.
    Te he dejado un comentario en la larga lista que posee la publicación que me recomiendas, "Estrellas de la Pantalla". Es excelente y desde aquí la recomiendo, a la vez, a todos los lectores.
    ¡Ah!, no me hagas más viejito, tutéame, por favor...

    Un fuerte abrazo, amigo Manuel.

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