sábado, 5 de julio de 2014

PATÉTICA CAÍDA

MACBETH Y LOS PODEROSOS

Antonio Campillo Ruiz


   Una mirada diferente y certera hacia la autodestrucción de la poderosísima familia siderurgica Eisenbeck (inspirada en los Krupp) y, al mismo tiempo, hacia la autodestrucción de Alemania. Esta podría ser una definición válida para “La caduta degli dei”, “La caída de los dioses” de Luchino Visconti, 1969. Como en muchas otras películas en la Historia del cine, la sombra de William Shakespeare cubre con un manto de su tragedia “Macbeth”, en una interpretación libre, a la familia protagonista y magnates del acero en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.


   El ascenso industrial y político de gran parte de la acomodaticia alta sociedad bajo el poder que se manifiesta como más adecuado en el momento histórico que viven, es observado atentamente  por la mirada escrutadora de un director que, con su clásica meticulosidad, fotografía los sentimientos de unos seres podridos en el caldo de su propia depravación, traidores y viciosos que se van manifestando con lentitud gracias a su propia naturaleza. Una meticulosa descripción que alcanza una cima de inmoralidad que les hará descender en el patetismo de su propia destrucción; desde desviaciones carnales y deseos que saltan de sus ojos hacia el entorno, hasta una soterrada lucha por el poder que proporciona el mandato y la decisión propia. Visconti, con su preciosismo que jamás se negará a representar sean cuales fueren sus representaciones cinematográficas, anota en la pantalla su lenguaje decadente en varios de los personajes que nos presenta en la perfecta mesa donde se desarrolla la cena de cumpleaños del cabeza de familia, el rey de la familia, quien decide sobre normas y métodos a seguir para que la familia siempre quede a salvo de merecidas críticas que tambalearían su posibilidad de ser imprescindibles.


   El pensamiento shakesperiano posee demasiadas sensaciones y personajes. La riqueza intelectual de los miembros de la familia y allegados con ansias de ser inscritos en ella con letras de oro posee, en ocasionales referencias literarias y filosóficas, unas certeras predicciones interpretativas de los tumultuosos acontecimientos que acabaron con matanzas y ajuste de cuentas entre adeptos a un régimen que nacía muerto para la inteligencia y molestaba las pretendidas oportunidades del jefe familiar de enriquecimiento e incluso de sobreponerse al poder político.


   Visconti, con su elegante barroquismo y su pulcra escenografía consigue una gran ambientación, recreada en una fotografía preferentemente oscurecida que resalta los vistosos colores de las constantes esvásticas que decoran las mansiones, calles y fachadas del decorado. Sin embargo, esta fotografía posee unas características poco comunes en las películas de Visconti: es una fotografía deslucida, enferma, que simboliza con acierto el ambiente elitista y decimonónico de la alta sociedad con su depravación, orgías y malsana decadencia. 

Siempre es una oportunidad poder admirar la perfección de los puntos de vista de una cámara que parece que no fotografía una película sino que realiza, a veces, un documental premonitor de una violencia que se desataría con furia sobre millones de personas, a pesar de tres aspectos importantes: pequeños excesos de zoom, algunos primerísimos primeros planos bastante exagerados y, como casi estilo documental, un exceso de tráveling y panorámicas que tratan de captar la totalidad de los sucesos que acontecen. A la vez, la degeneración mental de alguno de los miembros familiares se hace patente con una suave elegancia, como siempre que Visconti fotografía los deseos sexuales: homosexualidad, pedofilia e incesto. Tres palabras que en los años narrados suponían una lacra por el brutal y purificador acercamiento a la pureza racial. Una música irritante completan esta precisa obra en la que la dirección de actores, varios de ellos actores fetiche de Visconti, y sus interpretaciones son más que sobresalientes. 

 Luchino Visconti

Es importante visionar la película a plena pantalla.


8 comentarios:

  1. Creo recordar la ví, pero no lo puedo asegurar, de cualquier forma la veré en pijama y pantuflas gracias a tu generosidad.

    ResponderEliminar
  2. Anoche , Antonio, como ya te he comentado, vi a Firtz Lang. Hoy, no podre porque tengo gratos compromisos, pero mañana todo lo más vere "La caida de los dioses".,.Ford, quiza, no lo sé, sea el Cine, pero Visconti es la belleza , el arte, la poesia...·la cultura europea en sus origenes primigenios. OK total a tu presentacion : "Macbeteth y los poderosos"....

    ResponderEliminar
  3. Hoy se me ha hecho muy tarde pero mañana la veré. No se si ya la vi. ¡no me acuerdo, me va por la cabeza que si pero no estoy segura

    abrazo y gracias.

    ResponderEliminar
  4. Supondrás que el cine de Visconti lo conozco bien, sin embargo, teniendo en cuenta que aquí hace mucho frío hoy, y está lluvioso, no me viene nada mal una "segunda vuelta"! Aquí vamos. Gracias, Antonio! Y un gran abrazo!

    ResponderEliminar
  5. Ha sido imposible entrarlo en el el post anterior.
    Junto a Casablanca, quizá sea “Perversión” la película donde más he disfrutado el catálogo de miradas actorales. El arte en los ojos. Y no sólo. La afición del protagonista a la pintura confluye en el subsuelo de toda la trama como profesión original de su primer creador, Jean Renoir, hijo a su vez del gran impresionista. También pintor y dibujante fue Fritz Lang y un prestigioso coleccionista de cuadros, Edward G. Robinson.

    La grandeza de Robinson es tal, que logra convencernos de su candidez apareciendo como un jovencito ilusionado, haciéndonos olvidar el abyecto universo de muchas interpretaciones anteriores.
    Aquí borda la vulnerabilidad de quien vive instalado en la desesperanza y, de repente, ve abrirse el cielo. Aunque pronto empieza a ver la realidad, traga y traga, resiste, porque quiere creer que es querido y el sueño de que “ya ha cenado y ahora va a desayunar”, está a su alcance.
    El guión de Nichols tiene filo y nos sirve una reflexión en cada escena. Inquietante, la del periodista: “El hombre mataría más, pero no lo hace ¿Por temor a la ley? No. Por temor a su conciencia”. Comprensiva, la de Hogart, su jefe, tras evitar que se lo lleven detenido: “Fue por una mujer, ¿verdad?”.

    Irónico y sardónico como buen vienés, ahí va el mensaje de Lang: En el momento justo y con el gancho adecuado, nadie está a salvo de arrastrarse a los infiernos.
    Con retardo y admirada por la selección, un saludo, querido amigo.

    ResponderEliminar
  6. La he visto hace tiempo pero puedes tener por seguro que será un placer verla de nuevo.

    ¡¡Gracias!!.

    Un abrazo bien grande, querido amigo.

    ResponderEliminar
  7. Buena `peli Antonio, espero verla cuando disponga de ese tiempo que lleva el verla de un tirón
    Gracias, un abrazo

    ResponderEliminar
  8. Qué gran película, maestro Campillo. Ya tengo cine para esta noche.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar