CONVERSACIONES CON MI
HIJA LAURA XVII
Antonio
Campillo Ruiz
- Me
gustaría continuar la conversación que mantuvimos hace unos días y que nos
condujo por caminos inusuales.
-
Laura, es posible que tu interés por continuar la conversación de días pasados
nos introduzca en un mundo al que un día tendremos que dar la vuelta. No
estaría mal, ahora que sé de tu interés por estas escenas que han quedado en el
recuerdo de millones de personas, que iniciemos la conversación en el sentido
natural de una narración, por el principio.
- No,
no. Me interesan aspectos que son como los capiteles en donde se sustenta un
instante, un momento, que provocan
sensaciones verdaderamente importantes porque, a partir de ellas,
debemos, si nos place y nos han interesado los aspectos fílmicos, conformar
nuestro pequeño guión, literario o técnico, en continuidad con el visionado.
- Es
interesante que una chica joven como tú sea impresionable con estas, pequeñas o
grandes manías, de un modesto realizador independiente que ha luchado, en la
soledad del rodaje, de la sala de montaje y postproducción, por conseguir que
el espectador apreciase
con soltura la compleja trama del lenguaje cinematográfico. Laura, es posible
que podamos seguir hablando tras el visionado de los ejemplos siguientes.
¿Iniciar
una amistad o cumplir con desmedida potencia un pequeño rescoldo de la libertad
en la que siempre había creído? Rick no es un ser complicado sino atormentado,
vividor escéptico por necesidad. Sin
embargo, siempre existen unos principios que, en muchos casos son autoimpuestos
y denotan una valentía que traspasa las barreras de la propia satisfacción y
los recuerdos modeladores de aspectos de la personal intuición adquirida. “Casablanca” de Michael
Curtiz, 1942, el mito de un celuloide casi olvidado y cautivador icono
de la Historia del Cine, tan rica en aspectos cinematográficos como fílmicos,
tan sarcástica como impulsiva, tan cínica como mágica, continúa saboreándose en
la pantalla grande, imaginando entre perfectos matices claroscuros impecables,
la atmósfera de unos personajes prisioneros de un tiempo y un espacio que aman
y se adaptan a ellos a pesar de poder dirigirse hacia destinos e ideas por las
que siempre han luchado. Su inicio fílmico y final cinematográfico es tan
apasionante como agradable para el espectador.
Es importante visionar la secuencia a plena pantalla
¿Misterio,
descubrimiento, realidad, ficción? En “The Da Vinci Code”, “El código da Vinci” de Ron
Howard, 2006, las inmensas pesadillas de su lógica, tan poco ingeniosa
como excesivamente conductora, envía lo esotérico hacia callejones sin salida.
Se
exponen por igual defectos y poderosas pesadumbres fílmicas que, con
dificultad, mucha dificultad, mantienen un trabajo cinematográfico lejano a una
calidad mediana. Sin embargo, el final de su inicio fílmico peculiar, muy diferente
de lo establecido, podría conducirnos hacia un particular y merecido homenaje a
un gran hombre bueno, Presidente de un país libre y con una concepción del Arte
que iluminó un poco más a la “Ciudad de la Luz”. Este podría ser el punto de
partida para la indagación personal de una ciudad que fue escenario, en 1789,
de la liberación de un pueblo oprimido, sin nada que lo relacione ni con el
fondo ni la forma de los lánguidos momentos que se narran. Alcanzar la
concepción artística de construcciones innovadoras es un deseo de los amantes
de la belleza y su enaltecimiento.
Es importante visionar la secuencia a plena pantalla
Una
mano que acaricia las mieses. Un leve cimbreo de los tallos acompañando el
suave susurro de un viento que teme ser violento. Paz, tras la violencia por la
violencia. Recomposición de un imperio agonizante. Y, el encuentro. El
encuentro con quienes jamás desaparecen, con los seres que han aguardado
pacientemente para que se cumplan las palabras escritas en El Cantar de los Cantares:
“… el amor es más
fuerte que la muerte.” Un final que inicia en el espectador una inmensa
alegoría narrada entre el bien y el mal, la muerte y la vida, el poder y su
autodestrucción. “Gladiator”
de Ridley Scott, 2000, es posible que esconda un insalvable vacío en una
realización cinematográficamente plena de imágenes espectaculares. Con
similitudes importantes pero, probablemente, sólo de admiración y la decisiva
decadencia de un género crepuscular e incluso de poca atención histórica en la
actualidad, se levanta una narración que posee la grandiosa escena de un inicio
fílmico que es fantasía y ensoñación, delicadeza entre la destrucción, amor
entre las ruinas de una violencia, a veces gratuita, a veces justificada por un
mero trámite histórico. La mano rozando en la irrealidad de un espacio-tiempo
del que se ha traspasado la puerta de no retorno, es el canto de libertad que deja
un ser amante de la justicia y la paz.
Antonio Campillo Ruiz
Es importante visionar la secuencia a plena pantalla









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