jueves, 12 de enero de 2017

EL CONCIERTO

LA SINFONÍA DE LAS HOJAS ACICULARES

Antonio Campillo Ruiz

Ya estamos hablando, animando, escribiendo…
lo que podemos hacer... a nuestra luchadora amiga
y compañera
INMA LUNA
http://elblogdemaku.blogspot.com.es/

Manuel López 

   Le agradaba que el suave aire silbara al enroscarse entre los pliegues de su oreja. Aquella mañana salió sin rumbo prefijado. Paseaba, sin ver, entre el ajetreo diario de personas y carruajes. Cuando llegó a su lugar preferido escuchó la música que emitían las hojas aciculares cuando el viento las hacía vibrar. Una orquesta sincronizada con el ir y venir, casi constante, de aquel aire. No podría explicar en qué categoría instrumental clasificaría a las aciculares. Podrían ser instrumentos de cuerda por su delicada finura pero emitían sonidos armónicos a causa del aire, por tanto, deberían ser de viento. Sí, debería ser una nueva combinación de la Naturaleza que el hombre era incapaz de reproducir. Hacer vibrar con viento una cuerda. No estaba mal.

Manuel López

   A la vez, mientras el concierto de cuerdas-vientos sonaba con potente claridad, el acompañamiento de aromas que las plantas vecinas a los pinos, amparadas por su desmesurada altura de ramas gruesas y fuertes, era tan sutil que impregnaba con delicadeza el viento que respiraba. Lavanda, romero, tomillo… conformaban, a su vez, un conjunto de olores que se filtraba entre las notas sonoras y establecían la cadencia en la interpretación de la sinfonía.

 Manuel López

   Unos niños se encontraban sentados en medio de los grupos de pinos, los más tupidos y altos. Con ellos, se entremezclaban casi la misma cantidad de personas de edad dispar. Todos en silencio. Una persona, de pie frente a ellos, indicó con el dedo índice silencio y gesticuló para que tomase asiento con ellos. Sus brazos y manos se movían dirigiendo una invisible orquesta y, curiosamente, el ritmo era el que establecía previamente. Dirigía el sonido del viento. Pensó que habría ensayado durante mucho tiempo esta difícil dirección de instrumentos desconocidos. A la vez, ráfagas de olores llegaban hasta el grupo que, hipnotizado miraba a lo alto como queriendo descubrir a los intérpretes de la melodía del viento. En derredor, observó el pequeño río y su embalse. Escuchó el sonido cantarín de sus aguas. Breves y urgentes movimientos de alas de pájaros que se resguardaban en las ramas cercanas. De pronto, quien dirigía la orquesta movió su mano hacia un grupo de álamos, acacias, un conjunto de plantas leñosas y los pájaros. Obedeciendo su mandato maestro, el viento cambió de dirección y las hojas emitieron un sonido grave y atropellado que se mezcló con el de las hojas aciculares de los pinos y los aleteos desordenados de los pájaros. El cambio de tono provocó un movimiento de todas las cabezas de niños y mayores hacia el lugar de la disonancia. Su grave son estaba motivado por la caída irremediable de multitud de sus hojas mustias, débiles y la huida de las aves. La mano que indicó al viento su movimiento se alzó y este suavizó su fuerza girando levemente hasta una calma inusual. Los árboles dejaron de sonar y sus hojas de caer. El viento se había calmado inopinadamente. ¿Sería un sueño?

 Manuel López

   Los niños comprendieron que el concierto había terminado. Debían marchar otra vez al aula para, detalladamente, explicar las sensaciones que la Naturaleza puede provocar cuando se la comprende. Una voz parsimoniosa dirigió unas palabras a las  personas que se encontraban mezclados entre los niños, explicando que hasta pasados nueve días no podrían escuchar otro concierto pero que asistiesen con sus amigos que volverían a aquel lugar siempre que hiciese aquel aire fresco, suave y delicado. Los niños se colocaron en dirección al camino que debían recorrer y marcharon cogidos de la mano.

Manuel López 

   De vuelta a casa, escuchando el silencio, sin aire convertido en viento, entre el trajín de la ciudad a una hora cualquiera de un día cualquiera, comenzó la espera de los nueve días pensando en el próximo concierto dirigido e interpretado por… ¿por quienes?

Es importante visionar el vídeo a plena pantalla y buen sonido.

viernes, 6 de enero de 2017

UN VIOLÍN CUÁNTICO

PENSAMIENTOS QUE MUSICALIZAN LA MECÁNICA CUÁNTICA

Antonio Campillo Ruiz

Nuestra luchadora amiga y compañera
INMA LUNA
http://elblogdemaku.blogspot.com.es/
necesita que la generosidad y
los avances científicos la ayuden.
Que nosotros la ayudemos, todos.
NECESITA CON URGENCIA UN
RIÑÓN PARA QUE SU CUERPO
ALIMENTE A SU MENTE Y
PUEDA VIVIR CON ALEGRÍA.
Si puedes ayudar, este blog
y el suyo es la referencia.

¡HAZLO, POR FAVOR!


   El Premio Nobel de Física Richard Feynman, uno de los científicos más brillantes del siglo XX, tuvo la capacidad de saber explicar con sencillez aspectos complejos sobre los estudios que realizó y fueron su pasión… "La física es como el sexo: seguro que tiene una utilidad práctica, pero no es por eso que lo hacemos" … En 1981, en una charla en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Feynman, también padre de una desgracia científica, la bomba atómica, reflexionó sobre el problema de simular con ordenadores clásicos la física cuántica, las asombrosas leyes que rigen el mundo de lo infinitamente pequeño… "La naturaleza no es clásica, joder, así que si quieres hacer una simulación de la naturaleza, será mejor que la hagas mediante la mecánica cuántica. Claro que es un problema maravilloso, porque no parece muy fácil".


   Ese mismo año nació en Madrid Leticia Tarruell. Desde muy joven el violín era su pasión. A los 21 años, había acabado los estudios en el Conservatorio Superior de Música de San Lorenzo de El Escorial e interpretaba, en  una orquesta de música de cámara, con virtuosismo, su concepción de la cadencia que debían poseer las notas que emitía su precioso instrumento. Como pasatiempo, había hecho, en paralelo, la Licenciatura de Ciencias Físicas, "Mi proyecto principal era la música, la Física era para pasármelo bien. Luego me di cuenta de que me gustaba más el proyecto secundario que el principal"...


  Hoy, Tarruell hace realidad el sueño de Feynman. En su laboratorio del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), en Castelldefels (Barcelona), ha construido un simulador cuántico: una máquina que enfría átomos hasta casi el cero absoluto (273 ºC bajo cero) y permite manipularlos a voluntad para estudiar las posibles propiedades y aplicaciones, por ejemplo, de materiales que todavía no existen y poder aplicarlos a un entorno de temperatura ambiente normal. Los superconductores de electricidad y sus inmensas posibilidades en la tecnología actual es uno de ellos. Su trabajo se ha publicado en revistas como Science y Nature. Y acaba de recibir el premio al mejor investigador novel en física experimental otorgado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA.


   "La música y la investigación se parecen bastante. Aprendes cosas nuevas todo el rato y también es un trabajo en equipo" En 2002, Tarruell  cogió su violín y se fue de beca Erasmus a la Universidad París 7, en la capital francesa. Allí conoció el mundo de los átomos ultrafríos. "Iba para seis meses y me quedé seis años".

   En la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza) estudió y trabajo durante cuatro años y, tras ganar una plaza fija en el Centro Nacional para la Investigación Científica francés, Tarruell  regresó, algo verdaderamente insólito entre las innumerables fugas de personas inquietas por los estudios y las posibilidades que se le ofertan en diferentes lugares del mundo, a España. Es un cerebro fugado y recuperado… "Llevaba toda la vida diciendo que era una pena que no se hicieran más experimentos así en España y que si un día me salía la oportunidad volvería. Si te dan la oportunidad y no vuelves, te tienes que tragar todo lo que has dicho de que tiene que haber más investigación en España"


   El equipo de Tarruell , tras un trabajo complejo y con facilidades escasas por parte de quienes deben velar por la ilusión de investigar para obtener avances que mejoren el saber humano, construyó su máquina: "Enfriar un átomo es reducir su velocidad. Cuanto más fríos se encuentran, más lentos vibran"… Reduce con ella la temperatura de la materia hasta aproximarse a sólo decenas de milmillonésimas de grado del cero absoluto. A esa temperatura, los átomos quedan prácticamente inmóviles y se facilita el estudio de sus propiedades físicas y químicas. Veamos un ejemplo. Un átomo de cesio-133 produce 9.192.631.770 oscilaciones en un segundo si se encuentra a 273 ºC bajo cero, 0º K. Ni una más, ni una menos. Desde 1967, un segundo de tiempo se define como la duración de 9.192.631.770 oscilaciones entre los dos niveles hiperfinos de un átomo de cesio-133 a la temperatura de –273 ºC, 0 ºK. Podemos decir que los átomos ultrafríos miden el tiempo de nuestras vidas.


   "Nosotros atrapamos a los átomos en una trampa que hacemos con campos magnéticos o con láseres muy focalizamos. Si los enfriamos lo suficiente, entran en un régimen cuántico"“Cuando están muy calientes, los átomos son como bolas de billar: partículas que se mueven muy rápido y chocan entre ellas. Pero cuando se enfrían, se empiezan a comportar también como ondas. Entran en juego las fascinantes leyes que rigen el mundo invisible. La misma partícula puede estar en dos sitios a la vez”"Una sola partícula no se comporta igual que 100.000 cuando interactúan entre ellas. Me interesa saber qué tipo de nuevo comportamiento colectivo aparece. Pasa igual en la sociedad. No por entender a dos o tres personas entiendes cómo funciona la sociedad. En la mecánica cuántica es lo mismo".

Es importante visionar el vídeo a plena pantalla.

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jueves, 22 de diciembre de 2016

ABECEDARIO: G

GEÑI

Antonio Campillo Ruiz
A Geñi

Pauline Gagnon

   Geñi respiró con ansia el viento cálido y susurrante tamizado por miles de plantas que crecían salvajes en la ribera del río. Poseía el aroma de aquel día, lejano ya, en el que su leve silbido, su misma tibieza, provocó la caída de una lágrima de felicidad. La megalópolis, con su eterno murmullo de vida, se derramaba en la hondonada que ocupa, sin descanso, sin fin, plagada de esqueletos de hormigón que adornan con su fealdad un cielo semitransparente que sólo los rayos del sol, con dificultad, pueden atravesar alguna vez. A pesar de ello, aquel murmullo la atraía y escudriñaba las pequeñas figuras que desde aquella atalaya semejaban mínimas y erráticas imágenes desdibujadas de seres en continuo movimiento. No, esta vez no lloró, simplemente admiraba la similitud de un paisaje que el tiempo parece no querer alterar. El lento fluir del río y las pequeñas embarcaciones a vela, casi idénticas a la vela latina usual en algunos lugares de las costas mediterráneas, se movían gráciles, sin dificultad para su peculiar navegación. El río, con su característico color a sedimentos marrones, no tenía obstáculos que salvar. Los barcos de crucero y desplazamiento de visitantes y turistas estaban anclados. Parecía que una mano inmensa, un golpe de corriente, les hubiese detenido sin que ellos lo desearan. A pesar de ello, la belleza que emanaba la mansedumbre laminar del agua y los reflejos de un sol, que ya se abría camino entre la densa capa de una atmósfera densa, poseían una iridiscencia que la atraía y le agradaba.

 Pauline Gagnon

   Geñi miraba con embeleso el paso del agua lamiendo el costado de aquel barco que navegaba contracorriente a paso lento y desmayado. Sabía que ella se parecía al río. Imperturbable, encontrando paisajes, máquinas, personas y costumbres diferentes, incluso contradictorias pero aguantando y sabiendo cada día más de su devenir, de sus experiencias. A veces, estando sola, disfrutando de unos pequeños momentos de abstracción personal, sus emociones la llevaban por caminos tan complejos como gratos. Sentía. Su mirada se posaba en lugares, luces y sombras que conformaban un mundo que deseaba, que querría que existiese, que la rodeaba queriendo atraparla, llevarla tan lejos como el pensamiento puede alcanzar, sin rozarla, sin descifrar dónde se detendrían sus sueños.

Pauline Gagnon

  Geñi experimentaba tales cambios sensitivos y afectivos que percibía instantes jamás advertidos, jamás observados. Sus sueños y su realidad se fundían en una aleación inseparable, en un una capacidad para intuir, discernir y apreciar el flujo inmaterial de algo similar a lo que llaman felicidad. Una felicidad que era su Grial, su meta y su destino. Sin ella no se reconocía sin apreciar, a través de lo vivido, la singularidad que poseía lo que advertía desde lo más íntimo de su mente y espíritu. Sabía que se sentiría feliz si lograba estos segundos de intimidad y sabía que, cuando llegasen, debía de encontrarse en el espacio y tiempo que requieren la conversión de los sueños para transformarse en una realidad que perdurase por siempre. 

Pauline Gagnon 

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domingo, 18 de diciembre de 2016

LA ESTUPIDEZ

LA LARGA BÚSQUEDA  X

Antonio Campillo Ruiz
El problema con el mundo es que
los estúpidos están seguros de todo  y
los inteligentes están llenos de dudas.

Bertrand  Russell


   Al tratar de imaginar la solución a la pregunta ¿qué es un pensamiento?, podemos embarcarnos en una disquisición acerca de aspectos fisiológicos que, en casi todas las circunstancias, desconocemos y, los más osados creen poseer la solución, erróneamente, claro. Esta extraña función por la que unas  reacciones químicas se activan y provocan transformaciones en la íntima materia viva a la vez que generan, posiblemente, sentimientos  inmateriales, pareciese que es una función única en este inmenso Cosmos que nos acoge.


   Claro, es normal, los humanos somos ”únicos”.  Sí, así parece. Somos los más singulares de los habitantes vivos de este planeta tan bello como frágil. Pocas veces tratamos de comprender las causas que posibilitan esta superioridad entre todo un entorno tan inmenso que escapa a la posibilidad de una mesura coherente y racional. “¡Eh, eh, eh…! Eso de que no es racional tenemos que estudiarlo, porque racional,  racional, el hombre.” Sí, es posible que así sea pero creo que debemos un respeto a la diferenciación entre los habitantes vivos del planeta y nuestra “capacidad de pensamiento racional y emotivo”.


   No tendremos más remedio que fijarnos en el mencionado entorno para buscar el aspecto diferenciador de la singularidad humana con respecto al resto de seres vivos animales y su repercusión en la capacidad de ser diferente. Podemos empezar por seres pequeños… por ejemplo, las hormigas. Observando el comportamiento de estos seres minúsculos apreciamos una labor colaborativa que une al grupo en torno de unas condiciones de vida que mejoran con las funciones que cada cual desarrolla. Ocuparse de huevos, larvas, alimentación, traslado de la colonia, defensa ante inclemencias climáticas o dañinas, son algunos de esos trabajos por y para el grupo. Es loable su trabajo porque el objetivo es justo y necesario para todos.


   Los bonobos (Pan paniscus), chimpancés que andan erguidos, poseen una sociedad matriarcal e igualitaria y viven integrados en grupos compactos que poseen unas reglas sociales tan aparentemente extrañas como la de copular cuando se establece un problema, antes que pelear y realizan, en general, iguales funciones en el grupo que sus conciudadanas planetarias las hormigas. Duermen juntos, se ayudan, se acarician, desprecian la violencia y viven felices sin ocio ni rencor, el más peligroso de los sentimientos humanos y animales. ¿Sentimientos animales? Sí, sentimientos. Podemos preguntar a Konrad Lorenz para asombrarnos con pájaros japoneses que ríen cuando juegan y se divierten emocionalmente. ¿Traducción de reacciones químicas aparentemente instintivas dirigidas hacia emociones idénticas a las nuestras? Está demostrado que así es. ¿Lo hacemos nosotros? No siempre pero sí, lo hacemos.



   Bien, pues queda un gran dilema que, sin saber exactamente cómo debemos plantearlo, podríamos preguntarnos: ¿qué nos diferencia de los animales…, cual es la singularidad de nuestra diferencia…, somos superiores…, por qué? Bien, fisiológicamente muchas pueden ser las causas: proceso evolutivo de la capacidad cerebral, mejora continuada de tal evolución, mejora procedimental y capacidad de atención, estudio y pormenorización de intereses que acaban en pensamientos complejos, etc., etc. Puede ser. El alma es la singularidad,  el elemento diferenciador… NO. El alma es privativa de los dioses y los dioses son un producto individualizado, personal y de concepción, no de inteligencia. La tecnología. NO, los avances proceden de necesidades racionalizadas.



   Teniendo en cuenta los dos pequeños ejemplos, entre miles, que se han mencionado, hormigas y bonobos, tendremos que admitir que ningún ser vivo conciudadano de viaje en nuestro planeta atenta contra el grupo en el que se encuentra. Siempre hará todo por el bienestar y la salvación del grupo, aún a costa de su propia existencia. ¿Y el ser humano? Pues NO. El hombre atenta contra el bienestar del grupo en el que se desarrolla: guerras, insolidaridad, odios, individualismo, rencor, intereses… ¡Atenta contra el grupo! ¿Cómo es posible si es tan inteligente? ¿Será por el motivo diferencial que le separa de los animales? ¿Es esta su singularidad específica frente a los animales?


   Pues SÍ. Debemos admitir que el elemento diferenciador entre el hombre y los animales es LA ESTUPIDEZ. La estupidez del ser humano es inconmensurable, inalcanzable por quienes saben y deben asociarse, ayudarse, sostenerse y vivir obteniendo una felicidad que es posible pero hay que ganarla. La estupidez del hombre aporta un grado de coacción al grupo que provoca estados sociales tan paupérrimos como las sociedades modernas actuales, sean cuales sean y se encuentren en cualquier lugar y rincón de este mundo nuestro donador de tantos medios satisfactorios.


   ¿En todas las sociedades que existen en la actualidad? Pues debemos estudiarlas y obtener la información adecuada de las sociedades tribales, maltratadas y soportando un continuo genocidio, que poseen la capacidad de defensa del grupo, de vivencia en grupo, de sociedad conformada para el bienestar del grupo. Los hombres que así conformasen la sociedad moderna serían hombres racionales y, afortunadamente, muy evolucionados, unos hombres que no permitirian que en el grupo existiesen iguales que generasen o permitiesen la estupidez.


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miércoles, 14 de diciembre de 2016

SORPRENDENTE MAR CÓSMICO

TAMAÑOS Y DISTANCIAS INMENSOS

Antonio Campillo Ruiz

 Copyright, NASA, ESA, W. Freedman (U. Chicago) y otros,

NGC 4414: UNA GALAXIA ESPIRAL FLOCULENTA

   ¿Cuánta masa poseen las galaxias espirales floculentas? La imagen, en color verdadero, de la galaxia espiral floculante NGC 4414 fue tomada con el telescopio espacial Hubble para ayudar a contestar esta pregunta. La imagen fue aumentada con datos de la Sloan Digital Sky Survey (SDSS). Las espirales floculentas - galaxias sin brazos espirales bien definidos - son una forma bastante común de galaxia, y NGC 4414 es una de las más cercanas. Las estrellas y el gas cerca del borde visible de las galaxias espirales orbitan el centro tan rápido que la gravedad de una gran cantidad de materia oscura, no vista, debe estar presente para mantenerlos juntos. La comprensión de la materia y la distribución de la materia oscura del NGC 4414 ayuda a la humanidad a calibrar el resto de la galaxia y, por deducción, las espirales floculantes en general. Además, la calibración de la distancia a NGC 4414 ayuda a la humanidad a comprender la escala de distancias cosmológicas de todo el Universo visible.

Copyright, David Lindemann

LAS NEBULOSAS DEL CORAZÓN Y DEL ALMA

   ¿Está el corazón y el alma de nuestra Galaxia ubicada en Cassiopeia? Posiblemente no, pero es ahí donde se pueden encontrar dos nebulosas de emisión brillante, apodadas Heart and Soul. La Nebulosa del Corazón, oficialmente doblada IC 1805 y visible en la imagen, destacada a la derecha, tiene una forma que recuerda a una imagen clásica del corazón. Ambas nebulosas brillan intensamente en la luz roja de hidrógeno energizado. Varios jóvenes clusters abiertos de estrellas pueblan la imagen y son visibles aquí en azul, incluyendo los centros de la nebulosa. La luz tarda en llegar a nosotros unos 6.000 años desde estas nebulosas, que en conjunto, se extienden alrededor de 300 años luz. Los estudios de estrellas y racimos como los encontrados en las Nebulosas del Corazón y del Alma se han centrado en cómo se forman las estrellas masivas y cómo afectan a su medio ambiente.

Copyright, Juan Lozano de Haro

NGC 891 VS ABELLl 347

   Las galaxias abundan en este campo de visión bien escogido que se extiende alrededor de un grado en el cielo, hacia la constelación norte de Andrómeda. En la parte superior derecha se encuentra la gran galaxia espiral NGC 891, 100.000 años luz de ancho y se ve casi exactamente sobre el borde. A unos 30 millones de años luz de distancia, NGC 891 se parece mucho a nuestra propia Vía Láctea con un disco galáctico plano y delgado. Su disco y la protuberancia central se cortan a lo largo del medio por las nubes oscuras y oscurecidas de polvo. Dispersas hacia la parte inferior izquierda, y más allá de un primer plano de las estrellas de la Vía Láctea, son miembros del cúmulo de galaxias Abell 347. A casi 240 millones de años luz de distancia, Abell 347 muestra sus propias galaxias grandes en la nítida imagen telescópica. Son similares a NGC 891 en tamaño físico, pero ubicados casi 8 veces más lejos, por lo que las galaxias Abell 347 tienen aproximadamente un octavo del tamaño aparente de NGC 891. Las inconcebibles distancias y tamaños escapan a la mente humana.

Copyright, Steve Cannistra (StarryWonders)

NGC 7822 EN CEPHEUS

   Las estrellas calientes y jóvenes y los pilares cósmicos de gas y polvo parecen aglomerarse en NGC 7822. En el borde de una nube molecular gigante, hacia la constelación norteña Cepheus, la estrella que forma la región se encuentra a unos 3.000 años luz de distancia de nosotros. Dentro de la nebulosa, los bordes brillantes y las formas oscuras destacan en este skyscape colorido. La imagen incluye datos de filtros de banda estrecha, formando un mapa de la emisión de oxígeno atómico, hidrógeno y azufre a tonos azules, verdes y rojos. La línea de emisión y la combinación de colores se han convertido en la paleta del Hubble. La emisión atómica es alimentada por radiación energética de las estrellas calientes centrales. Sus fuertes vientos y la radiación esculpen y erosionan las formas más densas del pilar y despejan una cavidad característica de años luz a través del centro de la nube natal. Las estrellas aún podrían estar formándose dentro de los pilares por el colapso gravitatorio pero, a medida que los pilares se erosionan, cualquier estrella en formación se separará, en última instancia, de su reservorio de estrellas. Este campo de visión abarca más de 40 años luz a la distancia estimada de NGC 7822.

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M42: Live View Optical Zoom from Isidro Villo on Vimeo.

viernes, 9 de diciembre de 2016

EL ASCENSOR

FRIALDAD

Antonio Campillo Ruiz 
 

   Escuchó un pequeño chasquido cuando aquella mano le agarró fuertemente su brazo y, sorprendido, miró su pecho mientras un cuchillo lo penetraba. Lo hizo sin dolor, sólo un roce con alguna costilla que desvió su camino. Se sorprendió al levantar la cabeza y observar aquellos ojos claros, fríos y penetrantes que, con una mirada perdida, sin denotar ninguna emoción, se clavaban en los suyos. La puerta del portal se abrió con gran estruendo y los chicos del segundo entraron con su acostumbrado jolgorio.


   Aquella mañana se había despertado muy temprano. No era su costumbre pero se levantó con presteza. Trataba de acabar un trabajo, no complejo pero sí pesado y reiterativo. Estaba cansado de ver los folios desordenados, garabateados y ocupando espacios diferentes. Su apartamento era la papelera de los resultados de un estudio que ya se había acabado hacía tiempo. No supo decir no cuando le solicitaron que guardase los resultados de aquel estudio porque como en la práctica era casi todo suyo, sabía el mínimo detalle y podría ordenar los resultados. Hacia calor a pesar de que el verano había acabado hacía ya tiempo. Cuando hubo ordenado y clasificado dos sillas y una mesa, que quedaron libres de papeles, ya habían transcurrido tres horas y el sol se encontraba ya casi en su zenit. Asombrado ante el paso veloz del tiempo, se dirigió al baño y empezó con rapidez su aseo personal bajo la reparadora agua del baño. Siempre bajaba en el ascensor desde su tercer piso, sin embargo, son su pelo mojado y su desvencijada cartera se dirigió a la escalera y empezó a bajar con rapidez los peldaños, Escuchó el ascensor arrancar y pensó que había sido una decisión acertada porque algún vecino lo estaría utilizando y él tendría que haber esperado. Se detuvo en el segundo y observó, en la entrada de la vivienda letra C, la planta que, a pesar de la poca luz que la alcanzaba resistía y crecía muy lenta. Si hubiese tenido un poco de agua la habría echado en su manto de arena y humus. Llegó a la entrada del edificio a la vez que el ascensor y se dirigió a la puerta de la calle. Antes de alcanzarla, una mano firme le cogió del brazo derecho. Con sorpresa, se volvió y sólo distinguió la afilada hoja de acero que brillaba por la intensa luz que reflejaba.



   La espera era ya demasiado larga. Pasaba ya de cinco horas. Sabía que había sido un tiempo perdido porque nunca madrugaba y casi siempre llegaba un poco tarde al trabajo, si no era que se retrasaba horas. A pesar de ello, subió y bajó en el ascensor tantas veces como los vecinos lo requerían para utilizarlo. Era la hora punta de un aparato que, con cansancio, nunca dejaba de subir y bajar obedeciendo las órdenes de aquellos grandes y brillantes botones que parecía que tenían en su interior vida propia al encenderse las pequeñas luces que portaban. Siempre hacía el amago de salir o quedarse en el interior de aquella caja de acero en función de los deseos de los usuarios. A veces, cuando llegaban a la entrada del portal salía con los demás pasajeros para volver rápidamente a entrar cuando, sin mirarle, salían prestos. Volvía a dejarse llevar por la siguiente llamada una y otra vez. Sí, se cansaba. Al avanzar las horas, se requería con menor asiduidad al ascensor y tuvo que tocar con delicadeza varias veces el tercer piso y quedar en el interior esperando, esperando. Sabía que tendría que entrar al ascensor. Siempre lo hacía. De pronto, estando en el rellano del tercer piso, un ruido en la puerta que le era muy familiar le sobresaltó y sus músculos se tensaron. Escuchó los pasos en los peldaños y asomándose vislumbró un instante las ropas y cabeza conocidas. No podía ser. Bajaba por la escalera. Apretó insistentemente el botón que indicaba el cero. Cuando el ascensor empezó a moverse su inquietud fue en aumento. Empujaba hacia abajo con desesperación. Al llegar a la entrada escuchó unos pasos potentes que saltaban los tres últimos peldaños antes que, a pesar de su desesperación, se abriese la puerta del ascensor. Al hacerlo, comprobó que aquella prenda de vestir era la que tanto conocía y de dos saltos se colocó a la altura de quien caminaba con paso firme. Le cogió fuertemente del brazo derecho.
      

lunes, 5 de diciembre de 2016

CABARET SAUVAGE

MATERIA MUERTA

Antonio Campillo Ruiz


   Materia cosida, taladrada, retorcida, múltiples veces usada, se muestra desnuda en una obra que siente dolor, que perpetúa la docilidad de los usos anárquicos que pueden representar multitud de aspectos que ensalzan belleza, fealdad, amor, rechazo, placer, dolor.


   El autor representa con la sencillez de los materiales utilizados la heterogeneidad y la conjunción de las materias que conforman una representación artística personal, sentida y amada. El papel donde se puede leer un contenido ya pasado, ya erróneo en su mínima historia, es capaz de conformar un mundo que representa su delicada estructura de celulosa retorcida, endurecida, maltratada por quienes lo han disfrutado y ahora, es la representación de su renacer entre su pobre información.


  El desecho común, recogido de entre los materiales muertos, deben cobrar vida bajo la mirada y el nuevo empleo en un lugar inesperado, posiblemente inapropiado pero que en él, representa su verdadera utilidad, su aplicación ante la percepción y la aceptación de quienes le contemplan y leen en él un atisbo de verdad y de constreñimiento, de retorcerse ante la potencia de quien los recoloca tras una vida de trabajo que ha sido fructífera.


   Observar lo inaceptable, lo patético, lo que conforma un mundo que se compone de materia diversa y de mezcla incesante entre las materias.  Observar lo bello, lo representativo, aquello que añade a la contemplación aspectos recién descubiertos y recién observados, la sorpresa. Una sorpresa que en toda la obra de Manolo Belzunce se muestra cruda, tan cruda como la realidad.

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miércoles, 30 de noviembre de 2016

CRÓNICA DE UNA ANÉCDOTA

COMANDANTE FIDEL CASTRO

Antonio Campillo Ruiz
“Cuando un pueblo enérgico y viril llora,
la injusticia tiembla.” 


Fidel Castro


   Conocí personalmente a Fidel Castro durante el primer viaje del Aula Navegante de Estudios Iberoamericanos. El “J.J. Sister”, rebautizado “Guanahani”, fondeó en la isla de la que copio su nuevo nombre, en las Bahamas, la madrugada del día 12 de octubre, como primera escala, tal cual hizo  Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo. De allí partió hacia su segunda escala, La Habana. Un revuelo de intranquilidad se apoderó de oficiales y marinos cuando, al llegar a las aguas territoriales de Cuba, aparatos de medida, navegación vía satélite y electrónicos se volvieron un poco locos, indicando parámetros contrapuestos. Sí, se trataba de los satélites que EE.UU. mantiene, en lugar geoestacionario, sobre la Isla para provocar todo tipo de interferencias electromagnéticas. Capitán y oficiales de a bordo buscaron con nerviosismo las cartas de navegación sobre papel y trazaron nuevamente el rumbo, lento, cuidadoso por los peligrosos cayos y arrecifes. El viaje se alargó dos horas, tiempo que esperó Fidel Castro, todo su gobierno, altos cargos de la nación y una nube de pioneros en el muelle donde atracaría. De pie, con la paciencia que caracteriza a un amigo que espera dar un abrazo a quien llega desde lejos.

“J. J. SISTER”, rebautizado “GUANAHANI”

   Fue el primer gesto que honró a un Jefe de Gobierno ante un hecho realizado con la intención de provocar daño a todo aquel que manifestase el cariño de acercarse a saludar a un cubano, a un pueblo aislado por la intransigencia de los “dueños” del mundo. 

   Al desembarcar, ante la multitud de cubanos y un recibimiento tan cálido como el carácter del pueblo, entre unos y otros, casi sin darme cuenta me encontré ante un pequeño gigante rígidamente vestido por su impenitente traje militar de color verde oliva, Fidel Castro. Alto, majestuoso y dando la mano o un abrazo, uno a uno, a todos los que llegábamos de su otra Patria. Al apretar su mano y dar una palmada a su espalda, él repitió el gesto y sería una veleidad tratar de expresar en este momento el aurea que le envolvía y la sensación de amistad, bondad y camaradería que le rodeaba. Inaudito. Inusual su campechanería y sonrisas a unos y otros. Profesores y alumnos, sin dejar uno, con la paciencia de su larga espera, fueron saludados y amablemente recibidos por Fidel y todo su gobierno. Los pioneros ponían la nota de color con sus rojos pañuelos al cuello e intercambio de preguntas y jolgorio. Acabados los saludos, todavía Fidel estaba mirando hacia el barco. Solícitamente, el Jefe de la expedición le preguntó qué esperaba, a lo que respondió: “… espero a la tripulación, ellos también han venido con ustedes, es más les han traído a ustedes ¿no?” Con rapidez y agitadamente el capitán dio orden de que bajasen todos los marinos del barco excepto los que estaban de guardia. Fidel insistió diciendo: “… no capitán, estos soldados y marinos hermanos cuidarán de su barco pero sus marinos se vienen con nosotros, son hermanos iguales que usted”. Bajó toda la tripulación, los saludó cordialmente uno a uno y en los transportes habilitados nos trasladaron a todos a la residencia oficial del gobierno en La Habana. En los grandes y parcos salones plenos de grandes plantas tropicales creciendo en su suelo original, se había preparado un gran banquete de bienvenida que contenía desde un pote tradicional de habichuelas hasta las barricas de viejo ron y puros de todo tipo de fabricación propia. Sus diseñadores no pretendieron agasajar apabullando con manjares sino exponer todas las tradiciones de un pueblo que fue colonia española y en el que perduraban tradiciones culinarias bien conocidas por quienes estuvieron, en otra época, allí. Nadie se atrevía a tocar nada de las mesas porque observarlas era tan bello plásticamente como importante para su estudio antropológico. Fidel empujaba con los brazos abiertos a todos hacia la imperiosa curiosidad de apreciar tales alimentos y en pocos segundos una fiesta espontánea, una alegría curiosa y compartida se apoderó de todos, incluyendo a los importantes hombres y mujeres del Gobierno.


   A la sazón, Paco, un compañero que llevaba un cuadro para el Museo de Arte Moderno de la Habana como regalo del Ayuntamiento de Granada, cargaba con él ayudado por mis brazos, ya cansados. Fidel nos invitó a entrar a una habitación y, con el Ministro de Deportes y Cultura, Alberto Juantorena, el campeón olímpico de 400 y 800 m. lisos en Montreal, 1976, nos sentamos los cuatro en el recinto. Tuvimos una charla tan agradable como importante acerca de la pintura, del viaje, de la necesidad de la enseñanza y del saber, del buen ron y del tabaco. Fidel, introduciendo su mano en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó dos Cohibas y nos lo ofreció a Paco y a mí. Otro lo preparó para él. Con el gusto de compartir hasta lo que fue su símbolo durante los años de la guerra contra Batista, encendimos los puros y seguimos hablando por más de media hora. Requerido por la marabunta en la que se había convertido aquella improvisada fiesta, Fidel se despidió de mí como si desde siempre hubiésemos estado hablando, siendo, que le tuve que explicar dónde estaba Murcia y en qué rinconcito le esperaría para enseñarle una agricultura muy rentable y bien estructurada, de la que estuvimos hablando con gran interés por su parte, y un mar interior que le gustaría. Al salir a los salones nos abuchearon por secuestrarle tanto tiempo y la satisfacción de Paco y mía fue mayor. Probamos un ron que los compañeros habían rescatado de sus cien años de crianza y terminamos de fumar el Cohiba. Nos integramos a la fiesta y a altas horas de la madrugada, por las silenciosas y oscuras calles de una Habana durmiente, iluminadas por débiles lámparas de gas con su nerviosa llama flameando al viento, caminamos conociendo sombras y rincones peculiares, desde la residencia hasta el muelle. Durante el trayecto noté cómo la humedad caribeña, los excesos de comida y bebida y, especialmente, el humo de aquel inmenso cigarro, iban haciendo mella en mis bronquios y una tos cada vez más impertinente fue apareciendo. Al día siguiente, con los estudiantes de Historia del Arte, Birkin, Antonio y Raúl, salimos hacia la Bodeguita del Medio y todo un gran paseo con tropezones de mojitos y daiquiris, a la vez que mis bronquios se transformaban en unas débiles láminas que se agitaban paso a paso. Fue igual. Seguimos hasta el final pero… pero… ¡Ay! Con la promesa expresa de que jamás, jamás, volvería a tener un malestar como aquel por fumar. Y hasta hoy. Así fue y será hasta que nos veamos otra vez en las Pléyades, amigo Fidel: hiciste que dejase de fumar en la Isla con aquel cigarro, a pesar de ser productora exquisita de tabaco de la mejor calidad y amorosamente liado.


   Después, otras dos veces he tenido el honor de estar juntos por otros motivos. Podremos hablar de palabras como Estado, prisión, imperialismo palurdo, Guantánamo, guetos en playas de Miami, sociedad occidental, democrácia, libertad... lo haremos… pero ha sido un honor poder hablar y planificar diversos aspectos provechosos para la Isla con el último rebelde con causa, por su inmensa comprensión hacia todos y para todos los compañeros y hermanos, como llamaba siempre a las personas, sus conciudadanos. Siempre recordando la anécdota y siempre explicándote dónde estaba y cuándo vendrías a Murcia… Tu Revolución, Fidel, te ha absorbido la vida que has dedicado a una sociedad diferente y muy desconocida por el resto de ciudadanos de este mundo que sí, ha cambiado porque ya ha habido un Presidente negro en la Casa Blanca a la vez que un Papa latinoamericano, como predijiste. 
Antonio Campillo Ruiz 


             

sábado, 26 de noviembre de 2016

PENSANDO EN TI. LA ESPIRAL DEL TIEMPO

LA LARGA BÚSQUEDA  IX

Antonio Campillo Ruiz


   Nada más lejos de mi mente que hablar y hablar de aspectos que, no por conocidos, trazan, queramos o no, caminos inesperados e insondables. Pero, en fin, así nos sucede siempre. Nuestra inesperada sinceridad, a veces, puede conducir hacia un camino espinoso y podemos sufrir algún rasguño en el alma.


   Tres hechos han confluido en una especie de meditación inesperada: unas canciones, un día y una soledad. Las canciones prepararon un terreno muy abonado para la siembra de una añoranza, siempre reclamada y jamás atendida con la rapidez requerida. Su lento desgarro del espíritu produce imágenes recordadas que nunca existieron, soñadas, preparadas en primera línea de partida pero todavía sin escuchar el pistoletazo de salida. Un día, que ha sido fruto de esa terrible añoranza y ese sentir del mundo en derredor vacío, sin la mirada que habla con mil palabras cerca de quien la ama, admira y se mira en ella. Un día henchido de plomizas y rebosantes nubes de amor que no pueden descargar, no pueden siquiera dejar fluir las gotas que tratan de resbalar por mejillas secas, no dejan cuajar el asombro, el amor o la tensión que poseen. Una soledad como la que cantaba Bécquer “… Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!...” Y por extensión, que solos quedamos cuando los vivos no somos pacientes, con razón, sin dudarlo. Posiblemente, la impaciencia por no perder ni un segundo de existencia, algo muy normal y habitual, nos lleva a tratar de trazar caminos que no se encuentran sobre terreno duro, fuerte, sino sobre arenas movedizas que nos hunden poco a poco en un mar de nada que llegará a ahogarnos, irremediablemente, en la desesperación cuando el tiempo haga los estragos a los que está acostumbrado.
   

   Así que, seré paciente porque más vale vivir un día de pie que mil años de rodillas. Y los mil años han pasado ya. El día para poder estar de pie se encuentra a la vuelta de la esquina si se desea que un mínimo tiempo pase tan veloz y feliz como se prevé el futuro. ¿Qué no existe el futuro todavía? ¡Ese es su mayor atractivo! Cuando se alcance, no sólo se estará de pie sino que se saltará, caminará y correrá veloz hasta el fin de los tiempos.

   ¿Que no se quiere conseguir nada de lo expresado? Bien, no habrá sido por no intentarlo. Y esta, esta es la clave: intentarlo a pesar de ser duro, difícil y complejo. Cuando se intenta con pasión se consigue con serenidad, duración y verdad. ¿Que a pesar de todo no se quiere intentar? Bien. Habrá un punto y aparte que será de mucha categoría en el mundo de los signos gramaticales.


   No cabe duda, me gustaría saber qué se piensa y las bases para pensar de esa forma. Me gustaría introducirme en los pensamientos para bucear sin molestar ni corregir en el mundo de ideas que  rondan por ellos. Me gustaría saber si alguien, sea quien fuese, es conocedor de parte de los pensamientos de los demás, puede desentrañar lo que sucede al pensar y, por supuesto, de aquello que deriva de ellos emotivamente: deseos, pasiones, sueños, delirios, vehemencias, arrebatos.... Me gustaría que hablásemos con la absoluta y total confianza de que somos niños que poseen el aspecto de adultos. Sí, sin menosprecios ni pasadas alusiones a un carácter que es libre. Me gustaría depositar toda la confianza que poseen unos en los otros. Me gustaría que nos supiésemos para comprender lo que es la añoranza, la ilusión y la vida.


   En la infinita espiral del tiempo, lo que ha sido, es y será, confluyen cuando se entremezclan momentos vividos y por vivir. Este dilema acaba cuando la vida continúa y sigue su camino anormalmente normal, a pesar de no poder existir ya ningún tiempo que pueda ser revivido, reemprendido o renacido. 

Es importante visionar el vídeo a plena pantalla.