miércoles, 5 de junio de 2019

PERDURABILIDAD

LA LARGA BÚSQUEDA XVIII


Antonio Campillo Ruiz

Si no esperas lo inesperado
no lo reconocerás cuando llegue.

Heráclito de Ëfeso

 Gyuri Lohmuller

   El instante, esa porción mínima que determina una medida que no por ser repetida una y otra vez, conocemos su duración. Se le nombra con frecuencia y se aplica en muchos tipos de textos y con demasiada frecuencia, en el adoctrinamiento de un factor imperativo: el tiempo, difícilmente ponderable, de nuestra vida sobre el mundo que nos acoge. ¿Todos conocemos la sensación de tiempo y no solo su medida? Parece ser que sí. El conocimiento del tiempo, una unidad fundamental, unidimensional y unidireccional, es, ampliamente, conocida por quienes menos la han estudiado: hombres y mujeres que poseen una vida sin grandes problemas, con problemas, acompañados, solos, periodistas, contertulios, famosos e incluso personas que lo publicitan.  Es muy loable que se posea tal nivel de conocimientos y de introspección personal. Sin embargo, cuando cae la venda de unos ojos que no quieren ver, la desilusión se traduce en una especial congoja. El tiempo es un desconocido en todas sus posibles manifestaciones, si las posee.

Gyuri Lohmuller

   Los constantes y reiterativos aspectos que recogen la instantaneidad en los medios de comunicación no deben ser baladíes: CUI PRODEST. Hace pocos años, no tener preparado el futuro suponía una terrible dejadez que acarrearía consecuencias indeseables. El futuro era tan importante que trabajar o tender hacia él era requerido por una sociedad atenazada por el miedo a un presente cuasi inexistente y a un pasado de terror. Sin embargo, en la etapa actual, se borra o tergiversa el pasado obligando a doctos estudiosos a cambiar constantemente las opiniones que se poseen de él y se niega el futuro como etapa que no posee utilidad puesto que puede ser tan cambiante como indeterminado. Sólo queda la loa a un presente que se reduce cada vez más a lo que en realidad es, el instante. Podríamos decir que se trata de poseer una velocidad que se ha aprendido, precisamente, de quien ha inducido el pensamiento instantáneo: las máquinas tecnológicamente avanzadas. Ante estos hechos es importante detenerse y repasar el proceso de la velocidad.
¿La velocidad? Sí, cuanto más veloz se camine más instantes podremos llegar a tener en un tiempo llamado presente y que posee una duración tan pequeña que si lo perdemos, cometemos la torpeza de no saber vivir. Cuanto más rápidos son los mecanismos que nos enseñan, más valorados, cuanto más útiles más desconsideración a lo denominado banal. Hay que correr, hay que lanzarse, sin red, a un vacío que proporciona pocos momentos serenos pero sí muchos otros obtusamente adictivos, instantáneos e impredecibles. ¿Impredecibles? Un momento. Impredecible era el futuro, no el instante presente… “Bueno, sí, pero…” Pero ¿qué? ¡Ay, yayay…!  Sí, efectivamente, a un instante denominado presente le sigue otro que es futuro pero se convierte en presente, uno tras otro, sin descanso, sin principio ni fin. Un perfecto atropello de la incultura de lo fútil, de lo que despreciamos como inútil porque no ha llegado, un accidente hacia uno mismo por caer en la nada de lo mecánico, de la velocidad que no sabemos alcanzar y de un presente que debe ser más sereno y debe medirse en escalas más amplias, menos perturbadoras y más comprensibles, más humanas. 

Gyuri Lohmuller

   Claro que, ser un humano supone estar reglado, seguir unas normas que se activan en función de las necesidades que en cada instante, quienes esconden el pasado, ordenan el presente y proyectan el futuro, obligan a vivir sin que los instantes dejen poso para formar otro futuro que no sea el previamente regulado por ellos. Así, podríamos preguntarnos, ¿Se aprende sólo de momentos? ¿Lo instantáneo deja poso? Podríamos deducir que sí. Cualquier tiempo, por minúsculo que sea, genera una experiencia, que ya es pasado pero útil, muy útil para quien la ha vivido. Nos falta saber cuánto tiempo es un momento y un instante, con respecto a medidas inteligibles. Al considerar la perdurabilidad debemos considerar si la relación velocidad/instante es mayor o menor que cero porque, en el primer caso estaríamos ante el hecho de mayor valoración de la velocidad con respecto al tiempo y en el segundo, lo contrario. Además, la efectividad de la duración se debe tener en cuenta puesto que, a mayor duración la relación a la que se alude anteriormente sería, a su vez, menor de cero. Tendería a ser menor la velocidad que la perdurabilidad.

 Gyuri Lohmuller

   Así, cuando el tiempo se mide por medio de sensaciones y se establece como presente no un instante sino una sensación, la dependencia de la bondad o maldad de ésta es decidida y resuelta por quien la siente, sin dependencias regladas ni velocidad añadida. Es posible, solo posible, que ante este hecho, la insistencia en el adoctrinamiento de la necesidad de no medir tiempo alguno, de no poseer continuidad en hechos pasados o predicciones futuras, proviene de quien establece normas y dicta reglas de obligado cumplimiento. Por ello, el instante está provocando que posibles predicciones futuras e incluso, investigaciones a largo plazo, se minimicen ante el factor velocidad, que se traduce en un mundo incesantemente cambiante, sin rumbo, historia ni futuro.

Antonio Campillo Ruiz

 Gyuri Lohmuller

jueves, 9 de mayo de 2019

SENCILLA POTENCIALIDAD


LA LARGA BÚSQUEDA XVII

Antonio Campillo Ruiz

Michael Alfano

   Con la seguridad altiva de quien cree poseer la inmortalidad, muchos seres humanos caminan arrogantes hasta que la casualidad les lleva a conocer que, de forma fulminante, traidora, alguien de su especie padece un cambio que, posiblemente, le llevará allí donde jamás ha admitido ni querido llegar. Es entonces cuando se derrumba, por poco o dilatado tiempo, su vanidoso y despectivo pensamiento sobre la perdurabilidad personal y ajena. Conoció que esta Ley es inmutable en una etapa de su vida temprana e incluso, a veces, un poco tardía a causa de la indiferencia hacia los aspectos naturales de su ser o el proteccionismo que escondió la verdad y perjudicó mucho más que la ayuda que se trataba de conseguir.

 Marie-France Boisvett

   No es fácil admitir procesos ineludibles pero, en muchas ocasiones, la exposición irracional a posibles daños que pueden ser irreparables pareciese que es una parte del juego que se ha convenido en denominar proceso vital. Riesgo, aventura, azar o simplemente ansia de experimentar lo desconocido pueden producir, en el complejo mecanismo humano, la secreción de compuestos químicos que generan sensaciones muy satisfactorias, desde el placer potente y de consecuencias fisiológicas impredecibles hasta la dulce y pacífica beatitud, pasando por euforia, enojo, orgullo, premio, sinsabor, etc. Estos efectos, buscados, son enaltecidos y potenciados, igualmente, por “la sociedad de masas” que los expone de forma particular, mostrándolos en espectáculos y diversiones que apagan la racionalidad del efecto que se puede producir e incluso, haciendo que aquellos que los practican sean alabados como héroes, sin determinar ni aclarar lo que significa esta palabra. Debemos convenir que, se estimula e instiga desde el poder la autodestrucción.

Aykut Aydogdu

   Para alcanzar la secreción de compuestos químicos cuyas propiedades, basadas en estudios, no siempre suficientemente contrastados, se consideran imprescindibles o potenciadores de la sensación de bienestar, del placer e incluso, del misticismo, no siempre es necesario conseguir que nuestras células trabajen en grado extremo ni exponerse a que, en ese estado, pueda crearse una malfunción que repercuta de forma irreversible al conjunto de órganos del cuerpo humano. Adquirir sustancias sintéticas que sustituyan a las naturales, en general, puede generar una absorción o transformación incorrectas para el organismo, cuanto no menos, una ineficaz asimilación, intolerancia o crear una dependencia de consecuencias impredecibles. Así, la alteración normal de la producción natural de compuestos que favorecen estados psíquicos que se traducen en sensaciones fisiológicas, sean cuales fueren, parece ser que no es recomendable, excepto si es clínicamente imprescindible. 

Camile Claudel

   Es demasiado usual que, en la complejidad de un ser humano se distingan unas actividades de otras, se focalice la atención a una de ellas basándose en la sintomatología determinada, se aprecie como más importante aquel órgano que, por diagnosis, se considere afectado por una anomalía. Sin embargo, es muy frecuente que tal anomalía esté provocada por un conjunto de funciones que dependen de varios órganos o, posiblemente, de otro que produce efectos diagnósticos en el primero que responde a determinadas pruebas que se aceptan como irrefutables. Y, creemos que se trata de un proceso que sigue estas pautas por la complejidad que supondría establecer una relación entre varias funciones que, desde la experiencia y su estudio, “no es posible tal relación”. Bien, pues en la etapa actual, con el conocimiento tan profundo y exacto de la organización celular e incluso molecular que poseemos, es posible que nunca debamos descartar la interacción entre varios órganos, células o moléculas. Ya no se deben separar partes diferentes del organismo humano y cuasi es obligatorio contemplar la posibilidad de la interrelación entre todos los componentes y su acción en las llamadas sensaciones fisiológicas externas.

Dorina Costras

   A pesar de creer que poseemos la información necesaria para establecer la importancia de nuestra capacidad cerebral, sin embargo, es necesario recordar que la actividad cerebral y su capacidad para organizar  a todo el ser humano depende de aspectos que son difíciles de identificar y fijar. Desde el error de considerar que sólo el diez por ciento del cerebro humano se utiliza, hasta la realidad que establece la actividad total del cerebro humano, que todas, todas las neuronas se encuentra en funcionamiento y todas se encuentran activas desarrollando una función específica, existe el abismo de la falta de interacción de los órganos que, además, todos dependen de él. Sin embargo esta creencia de que muchas neuronas trabajan y otras descansan, a semejanza de la sociedad creada por los seres humanos, es tal sinrazón que, por supuesto, como es habitual, la sencilla explicación está mal formulada: la potencialidad de nuestro cerebro es muy compleja de contextualizar. Aquí reside la falsa formulación que inhibe la relación entre órganos. El cerebro es potencialmente mucho más potente de lo que experimentamos, posiblemente, porque no lo ejercitamos para que su potencia sea aprovechada por el ser humano. Los errores o deficiencias que se puedan cometer en las funciones vitales deben interactuar unas con otras bajo el estricto orden cerebral que las puede controlar. Solo así existe una clara exteriorización de las sensaciones, resultado de sencillas reacciones químicas, aparentemente complejas pero inteligibles y cada vez más conocidas. Nada más, solo reacciones químicas regidas por un intercambio de iones en medio acuoso y mensajes llevados y traídos por electrones. Deberemos concluir que todos lo podríamos hacer mejor, con más facilidad y mejor estimulación porque potencialmente podemos hacerlo, no porque encontremos parte de células inactivas que ponemos a trabajar. Lo maravillosamente increíble es que, mediante este elemental proceso material se genera la inmaterialidad y el fundamento esencial del ser humano.

Antonio Campillo Ruiz

Hartwig Kepp




lunes, 15 de abril de 2019

PENSAMIENTOS COMPARTIDOS EN VOZ ALTA


 LA SOLEDAD, UN ESTADO CIVIL


María Arrabal


   A los estados civiles existentes, casado, viudo, divorciado, etc., creo que, ahora, deberemos sumarle el “viejo estado” de “SOLO”.

   ¡Me encanta pensar! Hoy todo el mundo se preocupa por cuidar su físico, machaca su cuerpo hasta la extenuación, pero ¿Qué pasa con nuestro cerebro? Pareciese que a muy pocas personas le importa. Personalmente, me esfuerzo en crear un mundo interior cálido, por ello, mis pensamientos tratan de mantenerme con el interés que merecen. Es muy posible que a nuestra sociedad actual le falte oxígeno, está enferma, triste y asustada.

   La mayoría piensa que evolucionamos a gran velocidad, que la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, sin embargo, en mi opinión lo que realmente estamos viviendo es una involución del ser humano terrible.


   Observar el entorno es un ejercicio ineludible. La observación te permite percibir una realidad invisible a los ojos de la mayoría. ¿Qué es lo que caracteriza a los países desarrollados en nuestra sociedad accidental actual? Evidente: LA SOLEDAD. Soledad, en mayúsculas, independientemente de la edad, sexo, condición social y estado civil.  Hoy las personas se sienten solas entre la multitud. ¿Dónde está esa amistad entre vecinos, ese amor incondicional en las familias, ese posible altruismo hacia los demás?

   Sin embargo, se debe tener en cuenta que la soledad, si es elegida, es maravillosa. Todos deberíamos pasar temporadas solos. Tratar de conocer nuestra mente y cuerpo, saber lo que se busca, lo que gusta, lo que se quiere, debido a que nuestras necesidades son fundamentales para poder ser honestos con nosotros mismos. Es vital conocerse y quererse, ¿Cómo pretendemos entender a los demás, querer a los demás, si el ser interior que debe conformar nuestra persona, el más importante para nosotros, es desconocido íntimamente? Imposible tener en cuenta a los otros si no somos capaces de cuidarnos y nos abandonamos, ¡triste, pero cierto!


   Las nuevas tecnologías nos alejan cada vez más del calor humano, todo es irreal, superficial, vivimos en un mundo en el que lo material nos arrastra irremediablemente hacia un precipicio sin fondo y lo peor es que lo sabemos pero nos ponemos una venda oscura en los ojos para no verlo.

   Deberíamos tendernos una mano solidaria, cálida, de complicidad con mente y corazón, quitémonos la venda para poder percibir que la vida merece ser vivida con intensidad, desde la alegría, desde la pasión hacia lo definido como nuestro ser personal y hacia los demás. No hay nada más gratificante que quererse, conocerse, elevar y ofrecer todo lo que eres y tienes a los demás. ¡Uno debería estar solo porque quiere y no porque no le queda más remedio, porque lo obligan o le abandonan!


   Pensemos, no dejemos de pensar. Heme aquí una vez más pensando en lo increíble y, posiblemente, satisfactorio que sería vivir sin teléfonos móviles, sin redes sociales que “nos pescan”. ¿Os habéis detenido a pensar por qué se les llaman redes?  Pues pensadlo. Hay personas que mueven hilos, nos atrapan y nos mueven guiados por intereses económicos y a veces hasta perversos, para hacer lo que ellos quieren sin permitirnos pensar de manera individual. ¡Luchar contra lo que estamos viviendo es imprescindible! ¡Todo un desafío!

   La vida es maravillosa merece ser vivida con alegría, pasión, entregando lo mejor de nosotros a los demás, compartiéndolo y disfrutándolo, porque todo lo que uno tiene no sirve para nada si no es compartido.

   Leer y respetar estas reflexiones es el inicio de esa introspección que, espero, nos haga saltar hacia un compromiso con nuestro propio ser: vamos a conocernos y a salir de la pasividad ante los demás.

María  Arrabal




domingo, 17 de marzo de 2019

ABECEDARIO: P


PATRICIA

Antonio Campillo Ruiz

Michael  Creese 

    Patricia miraba un punto imaginario de la inmensa planicie. En la llanura no crecía un solo árbol. La luz del amanecer cambiaba a un color dorado cuando se reflejaba en los resecos tallos de la pasada cosecha. El silencio se quebraba con el canto de pequeños pájaros que se afanaban en la búsqueda del sustento diario. Era el silencio de la nada. Limpio y audible en su soledad. Como muchas otras, la noche pasada, no había podido conciliar un sueño sereno y reparador. Su mente semejaba un caballo desbocado que corría saltando riscos y quebradas sin poder detenerlo. No quería conocer la causa de esta desazón. Había vuelto al pueblo con la esperanza de infundir a su espíritu la tranquilidad que, cuando niña, sentía al corretear por las empinadas calles con sus amigos. La casa, ocupada por ella sola ya, la trasladaba a sus recuerdos, precisamente lo que querría borrar de su mente.



   Patricia paseaba aquella mañana por caminos no trazados, rompiendo el silencio con el lamento y crujido de los rastrojos al romperse bajo sus pies y abandonados al sol ardiente. Cada paso la obligaba a mirar al suelo y pensar si podía haber pisado en otro lugar. Posiblemente, ese paso indeterminado hubiera podido cambiar el fin pretendido al iniciar el paseo. Siempre pensó que este y no otro era el permanente azote de sus noches. Reiterar una y otra vez aquello que nunca alcanzó o rechazó, como camino a seguir. Ahora, una vez concluido el tramo, soñar como solución plausible el resultado de la elección que no hizo, asumirlo como real y desviar de su vida actual hechos, acontecimientos y reacciones, que habrían afianzado su seguridad, era un remedio vano. Su vida, en mito permanente, no la  atormentaría con tanto poder si alcanzase a entrever cualquier otra forma de aceptar lo sucedido como única solución admisible. Advertía, en muchas ocasiones preocupada, que se había acostumbrado a pensar en su comportamiento ante cualquier hecho real, como si estuviese condicionado por aceptar sucesos que, a pesar de haberse consumado, nunca alcanzaron su propia realidad. Sus infinitos sueños se entremezclaban con frustraciones y estaba convencida de coexistir con una simulación de su propia vida. Sí, esto era lo que percibía al observar la multiplicidad real de sus ficciones.


   Patricia, cuando estaba en la ciudad, trataba en todo momento de predecir cómo debería actuar un paseante con el que se cruzaba. Determinaba así su propio proceder y lo comparaba con otros que cambiarían el devenir de ambos. Este permanente trabajo mental es el que determinaba que su realidad fuese múltiple y la cansaba, la derrotaba mentalmente. Por ello, aquel día, estando con sus amigas, valoró tantas simulaciones posibles como soluciones, no comprendidas, podrían poseer los dimes y diretes cotidianos. Después, tras largos y agradables momentos, no podía distinguir lo sucedido en la realidad de los sueños que derivaban de anécdotas narradas a lo largo de la tarde y derivaba por derroteros inconclusos e inexactos, escapando, a veces, de la realidad y contando hechos diferentes a los descritos en otras ocasiones. Deseaba, con la avaricia de quien posee sed, comprender cómo era posible pensar y sentir en realidades diferentes. Por el contrario, en sus momentos íntimos elegía caminos insospechados que generaban sorpresa y placer. Era tan agradable asombrar desconcertando y conmoviendo que, la pasividad se convertía en agilidad, implacable destructora de la apatía y la dejadez. En esos momentos, sus múltiples desdoblamientos eran los precursores de nuevos sueños que aplicaba en un laborioso despliegue de novedosos senderos no trazados con anterioridad.  

Antonio Campillo Ruiz      



jueves, 28 de febrero de 2019

HELIOTROPOS


FINALES DE CINE I

Antonio Campillo Ruiz


   FIN. Palabra mágica que invita a pensar: “… y a partir de ahora, ¿qué podría suceder?”. Es una pregunta sencilla pero que el espectador puede hacerse cuando esta palabra, en cualquier idioma, aparece en la pantalla donde acaba de ver una película, silente o sonora. Los sucesos acaecidos a lo largo de un tiempo, son captados por el espectador como auténticos o ficticios. Depende del argumento que se ha contado, a través de imágenes, con o sin sonido, similares a las que acontecen en la realidad cotidiana, así como a multitud de aspectos: género, actores, ambientación, etc., que han intervenido en la historia relatada. Incluso, muchas de ellas son publicitadas como “basada en sucesos reales”. ¿Lo son? Quien ha estado recibiendo un torrente de información durante un tiempo, puede no estar muy seguro de ello. Sin embargo, ¿por qué debe existir un engaño? Pareciese que no tiene sentido si conocemos que el hecho ha tenido lugar. Por ello, es habitual creer lo que se expone en la película, aun sabiendo que, previamente, se asume la opinión subjetiva del realizador. Este es el poder de la narración cinematográfica. La subjetividad provocará una opinión personal favorable o adversa a la que se ha expuesto. En otras muchas ocasiones se traduce la interpretación que poseen los guionistas de una narración literaria. Los formatos diferentes sugieren aspectos interpretativos o subjetivos que se transforman, se modifican, se adecúan al medio, creando una nueva narración que, presentada en un formato distinto, aparece como diferente, inédita o se expone como distinta e incluso, contraria a la que motivó su nueva adaptación. En general se procura que los finales sean abiertos, que estén arropados por efectos sonoros y con elementos inmateriales sensibles que el espectador aplaude porque el desarrollo de la historia ha ido produciendo en su mente un efecto emotivo importante: simpatía, repulsión, comprensión, actitud, etc.
  
  
   Otros muchos finales de una narración cinematográfica son endulzados, calamitosos, definitivos o, por el contrario, dejan colapsado el desarrollo argumental con el propósito de la posible existencia de una continuación que se realizará en breve. En cualquier caso, es el  espectador quien imagina su posible continuidad y, al hacerlo, queda absorbido por su propia imaginación al desconocer los miles de sucesos posibles que pueden continuar. Sumisamente, admite que, efectivamente, sí, es el final y sólo elucubra con su continuidad si existen diferencias con lo aportado por otros espectadores. La planificación y el montaje pueden mostrar peculiaridades experimentales de la narración así como forzar finales en secuencias que, entendidas y aceptadas por el espectador como “veleidades” del director, no poseen continuidad espacio temporal. En estos casos, la formación y capacidad de comprensión de los receptores alertan de tales libertades, probablemente imprescindibles para el director pero no necesarias. Sólo se pueden diferenciar la exposición de hechos si se tienen en cuenta, a la vez, la complejidad en la estructura del guion y la posible intención de captar con mayor intensidad la atención de los espectadores.


   La simplicidad de un final absolutamente cerrado e inteligible rompe cualquier motivo de continuidad supuesta pero proporciona un rotundo drama que, únicamente concede la facultad al espectador de establecer un posible cambio en los hechos acaecidos, con anterioridad a la secuencia final, puesto que, pensados como solución, hubiesen podido suavizar la tragedia o desventura que cierra tan herméticamente la pantalla. No es fácil encontrar tal obstrucción a la imaginación pues aísla de una continuidad factible que, pensada individualmente, provoca la sensación de quedar en el momento más álgido y sorprendente de la narración. A pesar de tener en cuenta el arranque intrigante, el interés creciente y el final sorprendente, desarrollo normal que se establece en las narraciones, en diferentes categorías y medios, el máximo dramatismo puede  exponerse en la etapa inmediatamente anterior a la sorpresa final, sin exponerse a un anticlímax innecesario y que ocasiona, en multitud de ocasiones, un metraje y desenlace superfluos. Estos finales son, en su mayoría, impactantes, irremediables y contundentes.


   El cine, a lo largo de su historia, ha sido capaz de analizarse, criticarse, recomponerse e incluso, estudiar otros medios. A veces, de tarde en tarde, un guionista perfila un argumento insólito acerca de medios que se han ido implantando en la sociedad. Si el director comprende e interpreta correctamente lo pretendido por el guionista, los espectadores podemos disfrutar de una película tan impactante y desconcertante como insólita y perturbadora. Es entonces cuando pensamos que no se trata de un simple entretenimiento proyectado con un ritmo espacio/temporal, es una reflexión sobre novedosos valores que los cambios tecnológicos aportan a la sociedad moderna. Incluso, con bastante frecuencia, se puede llegar a persuadir a los espectadores de la necesaria reflexión acerca del mundo en el que viven y de cómo afecta a su vida personal, al seno de su entorno y a su complejidad singular. Sátira, comedia y fantasía se mezclan tratando de alcanzar objetivos que van más allá del divertimento: crear opinión y conciencia de lo expuesto, ejercer una influencia, positiva o manipuladora pero siempre muy subjetiva, de un pasado responsable de nuestra vida actual y/o de un futuro, próximo o lejano, de consecuencias impredecibles. Es entonces cuando sí se necesita una apertura de lo expuesto más allá de la pantalla, cuando se genera realmente el cine: en la mente del espectador, lugar donde se conforma la verdadera narración cinematográfica. El final de estos retazos de historias ajenas, en general, traspasa la meditación personal de lo trascendente para el espectador, siendo aceptados o rechazados vehementemente en ambos casos.

Antonio Campillo Ruiz
  

martes, 19 de febrero de 2019

FENÓMENOS ASTRONÓMICOS DE NUESTRA LUNA


SORPRESAS Y BELLEZA: NUESTRA LUNA

Antonio Campillo Ruiz

©NASA , SVS , Apollo VIII Crew

SALIDA DE LA TIERRA DESDE LA LUNA

   Hace cincuenta años, la tripulación del Apolo VIII fue sorprendida cuando la Tierra comenzó a elevarse y apareció por encima de la Luna. Nunca antes había sido visto este ascenso por humanos. El equipo, inmediatamente se apresuró a tomar imágenes fijas de la impresionante vista que apareció durante la órbita de Apolo VIII alrededor de la Luna. El vídeo posterior se realizó mediante una reconstrucción moderna del evento en movimiento, como se vería si se grabara con una cámara de cine moderna. El colorido de nuestra Tierra se destacó como un icono familiar en ascenso sobre un paisaje lunar distante y desconocido. Toda la escena es el revés conceptual de una salida de la Luna, más familiar, vista desde la Tierra. Para muchos, la escena también simulaba la unidad de la humanidad: esa gran canica azul es nuestra casa, todos vivimos en ella. El vídeo, de dos minutos, está realizado a la velocidad real con la que la Tierra se eleva a través de las ventanas del Apolo VIII. Siete meses y tres misiones después, los astronautas del Apolo XI no solo rodearían nuestra Luna, sino que alunizarían en ella.

Animador principal: Ernie Wright ( USRA ). Música: C Major Prelude de Johann Sebastian Bach.


AMOR LUNAR

©Masaru Takeo
Junichi Watanabe ( NAOJ )

   Una búsqueda muy creativa realizada por un grupo de astrónomos aficionados en la prefectura de Ehime en la isla Shikoku, Japón, ha encontrado el AMOR (LOVE) lunar . Su secreto fue un examen de esta imagen nítida del primer cuarto de la luna. Para descubrirlo por observación propia, deberá analizar detenidamente los detalles de la sombra y la luz a lo largo de la línea entre la noche lunar y el día. Creada por el contraste de los suelos de cráteres sombreados con paredes y crestas iluminadas por el sol, la letra V no es demasiado difícil de encontrar cerca del centro de la imagen. Sin embargo, las letras L y E son un poco más difíciles, pero pueden sacarse de la sombra y la luz a lo largo de la sombra y luz en la parte inferior. Por supuesto, en la superficie de cráteres de la Luna, la O es fácil. Observadores de la Luna en el planeta Tierra debería entender que, como la famosa X lunar, que también se ve aquí, estas letras lunares son transitorias y solo aparecen a lo largo de la línea de sombra y luz en las horas alrededor del primer cuarto de la fase de la Luna. Así que, la próxima oportunidad para observar el AMOR (LOVE) lunar es el primer cuarto de la fase de la Luna más próximo a la fecha de esta publicación.

LA UMBRA DE LA TIERRA.

© Antonio Finazzi

   La sombra oscura e interior de nuestro planeta Tierra se llama “la umbra”. Con la forma de un cono que se extiende hacia el espacio, tiene una sección transversal circular que se ve más fácilmente durante un eclipse lunar. El 21 de enero, la Luna Llena se deslizó a través de la mitad norte de la sombra umbral de la Tierra, entreteniendo a observadores de gran parte del planeta en la observación de este fenómeno que se provoca en la Luna. En la fase total del eclipse, la Luna estuvo completamente dentro de la umbra durante 63 minutos. Grabada bajo cielos claros y oscuros desde las colinas cerca de Chiuduno, Italia, esta imagen de eclipse compuesto utiliza imágenes sucesivas de la totalidad (centro) y fases parciales para trazar una gran parte del borde curvo de la umbra. Como reflejo de la luz solar dispersada por la atmósfera en la sombra de la Tierra, la superficie lunar aparece enrojecida durante la totalidad. Pero cerca del borde de la umbra, la extremidad de la Luna eclipsada muestra un claro tono azul. La luz de la Luna eclipsada en azul se origina a medida que los rayos del Sol pasan a través de las capas altas en la estratosfera superior, coloreadas por el ozono que dispersa la luz roja y transmite la luz azul.

VÍDEO DE ECLIPSE TOTAL DE LUNA

Total Lunar Eclipse at Moonset
©Fred Espenak (TWAN)

   La noche del 20 al 21 de enero pasado, una brillante Luna llena se desvaneció a Luna roja. La Luna, aquella noche fue particularmente brillante porque alcanzó su fase completamente iluminada cuando se encontraba cerca de la Tierra en su órbita elíptica . De hecho, según algunas medidas de tamaño y brillo, la Luna llena se designó una supermoon, aunque quizás el "súper" esté exagerado porque solo era un poco más grande y brillante que la Luna llena promedio. Sin embargo, nuestra Luna se desvaneció a un rojo tenue porque además de su proximidad a la Tierra , tuvo lugar un eclipse total de Luna. La Luna fue engullida completamente en la sombra de la Tierra. El rojo tenue fue desapareciendo frente al color azul de la luz solar que se dispersó más fuertemente por la atmósfera de la Tierra. Esta Luna llena se conoce como Luna de Lobo en algunas culturas. El eclipse total de la supermoon duró más de una hora y fue visible desde América del Norte y del Sur, después de la puesta del sol. El vídeo, en time-lapse, presentado muestra el último eclipse lunar total, que ocurrió el 28 de julio de 2018. El próximo eclipse lunar total ocurrirá el 26 de mayo de 2021 y tendrá una duración de 15 minutos. Podrá ser visible desde todo el mundo.

Antonio Campillo Ruiz


viernes, 8 de febrero de 2019

ENGAÑO Y PRIMOR DE LA PINTURA


EL BODEGÓN EN EL ARTE

Antonio Campillo Ruiz

El arte no es un espejo
para reflejar la realidad, sino
un martillo para darle forma.

Bertorl  Brecht

“Bodegón con salmón”, Anónimo Flamenco

   Desde la antigua civilización egipcia, el arte de la pintura de objetos cotidianos, incluyendo la comida habitual, se extendió durante todas las etapas y corrientes artísticas hasta nuestra era actual. La naturaleza muerta ha despertado la atención y estudio al representar objetos, animales o plantas sin ánima, esperando posiblemente otro fin diferente al que el artista representa, atraído durante un instante de inspiración por la belleza que poseen. Sin embargo, el bodegón, con los elementos y conocimientos que lo caracterizan en la actualidad, emprende su importancia, como una temática nueva e independiente, en el siglo XVII, en Los Países Bajos, empezando a tener relevancia y apreciación en la pintura e incluso en la escultura, a pesar de estar considerado en un segundo plano y subordinado a otros géneros artísticos.

“La pipe sur le livre”, Juan Gris

Silbabas un nocturno, resbalabas,
bodegones, guitarras escondidas
reverencias de pipa y mandolina,
abismos entre la cara y la cara.

En los ojos de una mujer sentada
sueñas París en su monocromía,
música, pintores y poesía,
y sus moradas grises segmentadas

Descomponías desde las ventanas
el gris y el ocre en papel recortado,
dabas volumen plegando bisagras.

Cuidabas versos de Manuel Machado,
que nadie los despojase de su “Alma”.
Tú hiciste una guerra de hombre escapado.

Juan Gris, “Soneto cubista"

“La gourmandise”, María Blanchard

   En general, en el resto de países europeos, las obras artísticas se realizaban por encargo oficial, retratos, arte sacro, etc., mientras que la especialización de los pintores de Los Países Bajos en temas que se vendían directamente al público, como paisajes, bodegones, escenas sociales, etc., se empezaron a considerar obras de importancia y desde entonces, el bodegón barroco e, incluso, las escenas de cocina, la comida o mercados de venta de alimentos, se desarrollaron con fuerza y aumentó el número de artistas que representaron múltiples variedades de frutas, alimentos en general, flores y objetos cotidianos pintados con gran naturalismo, sin dejar de modelar bronces y platas que complementaban el género artístico. Con el tiempo, las nuevas corrientes artísticas acogieron al bodegón y la abstracción representa, en la actualidad, con interés y éxito este género.   
“Homenaje a Velázquez”, Ramón Gaya

Vaso de agua

No es mi sed, no son mis labios
quienes se placen en esa
presencia, ni con resabios
de museos se embelesa
mi visión de tal aplomo:
líquido volumen como
cristal que fuese aún más terso.
Vista y fe son a la vez
quienes te ven, sencillez
última del universo.

Jorge Guillen.
“Homenaje a la pintura
admirable de Ramón Gaya”

Antonio Campillo Ruiz

“La cena”, Antonio López


jueves, 31 de enero de 2019

LA LARGA BÚSQUEDA


YO, MI, ME, CONMIGO

Antonio Campillo Ruiz


   Y así, con el devenir del tiempo se fueron formando grupos diferenciados que ocuparon todas las partes del espacio en el que vivían. Los lugares que habitaban y las peculiaridades propias de la especie, determinaron características fisiológicas y emocionales que les separaron entre sí notablemente. Se crearon nombres para denominar a los grupos y los más usuales fueron “tribu”, “sociedad”, “civilización”, etc. La comunicación oral y escrita también era un atributo distintivo de cada uno de los grupos que, día a día, fueron perfeccionando. Sin embargo, en un principio, en sus lenguas y escritura no existía el singular de un adjetivo que determinaba su grado de unión: nuestro. En una ocasión, por cualquier tipo de necesidad física o emotiva, un componente de alguno de los grupos desmenuzó y pulió este adjetivo y concluyó que era necesario el singular, con el único objetivo de concretar su significado. Inventó, pues, las expresiones: mío, tuyo, suyo. Había nacido la posesión personal.


   La posesión fue creciendo muy lentamente e incluso, algunos no la podían alcanzar. Fue el tiempo y los cambios en el seno de los grupos seguidores del nuevo invento, quienes determinaron el crecimiento exponencial del uso de este singular como rasgo e idiosincrasia de todos y cada uno de quienes podían utilizarlo, quedando atrapados en él por siempre. La posesión, satisfecha por el descubrimiento de su inventor, fue haciéndose más fuerte, incluso entre quienes no podían utilizarla de forma material. Tuvo que desarrollar la potestad de crecer en el seno de la emotividad porque ésta no es privativa de elementos independientes del grupo, puede ser utilizada por todos. Consciente de lo que ocurría, la posesión aprovechó la oportunidad para ampliar y ampliar, cada vez con mayor ahínco, la utilización de los singulares que la habían convertido en una de las razones de existencia más preciados de los diferentes grupos, tribus, sociedades, civilizaciones, etc. Hoy, es una inmensa multinacional que motiva, dirige y manipula a casi todos los elementos individuales que existen en el espacio donde han evolucionado y crecido. Así, de ella han nacido tantas acepciones, materiales y emocionales que la especie inventora, a veces, se asombra de su poder. Un poder que ha alcanzado un retroceso evolutivo de la pertenencia física y emotiva de unos por otros por medio de los paradigmas más importantes de la posesión, el intercambio, el dinero.


   A pesar de todo lo expuesto, los integrantes de muchos grupos tratan por todos los medios de poseer, de acaparar aunque sea la parte que es libre de poder ser poseída, la razón, el amor, la imagen o cualesquiera otra forma de posesión que no implique intercambio de disfrutes personales materiales que no se poseen. Este es el aspecto más inverosímil de la actuación de la especie, ¿cómo se puede alcanzar tal grado de miseria racional? Bien, no es difícil de comprender: sin normas éticas que deben ser asimiladas y admitidas, previamente, a la acción que se llevará a efecto. La posesión, mientras, se encuentra feliz con su poder, su horadada especie como si de carcoma se tratase, enriqueciéndose de la flexible resistencia a su acción, admitida hasta en los más complejos sentimientos y amodorradas esencias emotivas.


   Posesión, creo que es hora de admitir tu deshonra y admitir la plena libertad personal y grupal de todos los componentes de una especie que se diferencia de las demás en la creencia de su unicidad, por admitir la pluralidad y favorecerla. El acaparamiento material o emocional siempre es perjudicial. La materia posee fecha de caducidad y las emociones no son transferibles ni obligatorias. La paz del espíritu debe ser la dueña absoluta de reacciones que, positiva o negativamente, cada elemento personal debe gestionar, en beneficio de dos o más componentes, que poseen origen y fin en un todo siempre unido, jamás individualizado.

Antonio Campillo Ruiz