domingo, 20 de mayo de 2018

LA CIVILIZACIÓN MAYA


EL ENIGMA DE LAS CIUDADES PERDIDAS

Atonio Campillo Ruiz


   La historia de la creación de los mayas ha llegado hasta nosotros a través del Popol Vuh, un libro del siglo XVI: “En el origen no había nada más que silencio y vacío. No había humanos, ni animales, ni tan siquiera luz ni sonido. Los Dioses, ocultos, habitaban en un profundo océano. Un día se reunieron para llenar la inmensa Nada. “Tierra”, dijeron los Dioses y la superficie de la Tierra se materializó de inmediato. “Montañas y valles, ríos y lagos”. Los creadores no tenían más que pronunciar las palabras para que todo se convirtiera en realidad. Satisfechos, cubrieron el nuevo paisaje de árboles y arbustos”
El mundo estaba compuesto por tres partes: el cielo, el mundo medio y el inframundo. Xibalba, el inframundo, era el reino de la muerte y las enfermedades. El mundo medio, el terrestre, era donde vivían los humanos. En las esquinas del mundo se hallaban los Bacabs, deidades que sostenían el firmamento. El cielo era el dominio de los cuerpos celestes y el lugar donde habitaban los dioses. En el centro del mundo medio se alzaba el árbol del mundo, cuyas ramas se extendían hasta el cielo, mientras las raíces se hundían hasta las profundidades de Xibalba, donde se podía llegar desde cuevas, lagos y ríos. El mundo medio semejaba una tortuga o un cocodrilo que flotaban sobre las aguas que cubrían el inframundo y las montañas y los valles de la Tierra eran la grupa de los animales.


   El mundo sobrenatural de los mayas estaba poblado por  arquetipos que provenían del entorno natural de la selva tropical: los dioses y los antepasados. Una manera de acercarse a ellos era a través de la intoxicación con sustancias psicotrópicas en combinación con ayunos extensivos, música monótona y bailes estáticos que facilitaban el ingreso a un mundo alternativo. Para alcanzar este estado, los mayas utilizaron bebidas alcohólicas como el Bolché, alcaloides alucinógenos extraídos de los hongos o sustancias tóxicas procedentes de los sapos como el “Bufo marinus”. Las cuevas eran los lugares elegidos para la celebración de dichos rituales, ya que eran consideradas como los umbrales del inframundo. En conexión con el conjuro ritual de dioses y antepasados, también se realizaban ofrendas en forma de sacrificios de animales e incluso humanos, entre los que destacaban los autosacrificios de sangre de los gobernantes, como parte importante de los rituales para rogar por cosechas abundantes o campañas militares exitosas. Los dioses de la lluvia, el comercio, la guerra, la fertilidad, etc., son alguno de los muchos que poseían. Cada uno de ellos contaba con sus cualidades y atributos propios. Una de las deidades supremas era Itzamna, dios de la agricultura, la escritura y la medicina. Chaac era el dios de las guerras y la lluvia. En general, portaban símbolos que los definían por sus cualidades.


   El dios del Maíz asciende al mundo bailando desde el inframundo sobre los brotes más tiernos de la planta. Crece con mayor velocidad cuando este baile tiene lugar sobre el agua que, en las mañanas húmedas, queda atrapada en las ásperas hojas de las plantas altas, cimbreantes y delgadas, como su dios, que buscan la luz y favorecen el crecimiento de las semillas. El ciclo de la vida y la muerte posee una simbología que es paralela al ciclo biológico de la planta sagrada: nacimiento, crecimiento y desvanecimiento. La mazorca, fruto esperado y alimento del ser vivo, posee mil por una semilla y, al morir, como el Dios, vuelve al inframundo y espera el momento para renacer cuando se vuelven a sembrar los granos que fructificarán para alimentar y cuidar de los hombres, mujeres y niños, tal y como fueron creados en un principio. El Dios del Maíz posee un cuerpo delgado, un rostro joven y una frente alargada, como la mazorca de maíz y de ella, molida, conformó la figura de todos los seres vivos con sus propias manos.


   Entre los meses de febrero a mayo el clima del espacio que ocupó la civilización maya es extremadamente seco. Tras ellos, las lluvias lloran sobre el terreno para dulcificarlo y proporcionar el alimento a través de mazorcas y frutos. Las precipitaciones llegan a ser seis veces mayores que las que se producen en Europa durante todo el año. El terreno cárstico de la península de Yucatán y zonas limítrofes absorbe el agua con gran rapidez alcanzando zonas de lixiviado profundas. Para evitar su desaparición, todos los reyes mayas invirtieron grandes esfuerzos en proyectos muy avanzados y se preocuparon de su racional consumo. Así, durante la temporada de lluvias el agua se almacenaba en grandes cisternas excavadas en la roca viva y se distribuía para el consumo de los habitantes humanos, animales, construcción y zonas de cultivo, mediante canales e infraestructuras complejas. Con ellas, era frecuente que los reyes se dejasen retratar en altorrelieves y pinturas, orgullosos de ayudar al Dios de la Lluvia con sus obras.


   Para los mayas, la ubicación espaciotemporal poseía una importancia fundamental. Dependían de la exactitud de sus cálculos para conocer los ciclos solares, ritmos naturales e, incluso, predecir sucesos de diversa consideración.  El calendario Tzolk’in, un calendario ritual de 260 días, el calendario Haab, con el que calculaban el año solar de 365 días y la llamada “Cuenta Larga”, eran los medios que poseían para registrar un evento de diferentes formas y con una exactitud muy precisa. Su conocimiento matemático y astronómico fue excepcional. Como base de cálculos utilizaban un sistema vigesimal modificado con cifras del 0 al 19 de forma eficaz y compleja. Un gran paso para el conocimiento y estudio de la antigua civilización maya se produjo cuando, a finales del siglo XIX, Ernst Wilhelm Förstemann estudió meticulosamente el código Dresde y logró esclarecer el código numérico y calendárico utilizado, continuamente reformado por los avances y estudios que realizaban de forma sistemática.


   La sociedad de los mayas estaba organizada jerárquicamente. La cima la ocupaban los reyes divinos que se rodeaban de la nobleza, los escribanos, los músicos y los sirvientes. Esta corte se encargaba de importantes funciones administrativas, del bienestar y del entretenimiento. El rey y su corte vivían en el palacio en el centro de la ciudad y la nobleza más alta en conjuntos residenciales en una vecindad inmediata. La realeza no solamente habitaba las viviendas más ricas, sino que también se vestía de manera más lujosa y con joyería abundante. Como anécdota podemos señalar que las personas con enanismo y los jorobados tenían en la sociedad maya un estatus especial. Su complexión corporal los distinguía y los situaba siempre cerca de los Dioses, una proximidad que era muy apreciada por los reyes. La corte real y la nobleza solamente representaban una minoría de la sociedad maya. La mayoría de los habitantes de las ciudades estado se dedicaban a la agricultura y la ganadería.


   Las alianzas eran fundamentales para la supervivencia de las ciudades mayas. Sin ellas, las ciudades más pequeñas podían caer bajo el dominio de reyes poderosos. El imperio maya no tuvo jamás un gobernante único que controlara la totalidad del territorio, sino que cada ciudad era regida por su propio rey. Poseían el mismo idioma, religión y costumbres pero eran independientes y con frecuencia los reyes se encontraban enfrentados entre sí. Su similitud con las ciudades-estado de la antigua Grecia fue muy significativa y curiosa. El comercio, las alianzas políticas y las obligaciones fiscales eran su medio de conexión. Las mujeres desempeñaban un papel relevante a la hora de forjar alianzas y era habitual que los reyes entregaran a sus hijas en matrimonio a hombres destacados de otras ciudades para así poder aliarse con familias de diferentes caracteres consanguíneos y distintas de las que habitaban su propia ciudad. Algunas ciudades poseían más superficie e influencia que otras. Las más débiles, sometidas por guerras o no, debían tributar con impuestos a las más poderosas. Las estelas han dejado el rastro de las diferentes dependencias y cambios de una ciudad con otra.


   El conflicto entre Tikal y Calakmul dominó el paisaje político de las ciudades-estado durante el período Clásico Tardío. Las dos potencias lograron establecer una vasta esfera de influencia con una gran cantidad de estados-vasallos vinculados. Tikal, sin duda, fue la ciudad más poderosa del Clásico Temprano en las Tierras Bajas mayas, donde la influencia de la metrópoli de Teotihuacán era muy evidente. A partir del siglo VI d.n.e. se iniciaron los conflictos con Calakmul, aunque generalmente, no fueron confrontaciones directas, siendo guerras entre los aliados y apoyadas por los reyes de Tikal y Calakmul. A pesar de ello, cada una de estas guerras tuvo impactos dramáticos. A mediados del siglo VI, Tikal fue vencida por Calakmul y tuvo que entronizar a un gobernante títere, iniciando un período de debilidad que duró más de cien años. Posteriormente Tikal logro recuperarse y restablecerse de nuevo como una ciudad hegemónica en las Tierras Bajas mayas.


   Hacia el año 1000 todas las ciudades mayas estaban despobladas y toda su civilización había desaparecido. No hay una explicación sencilla para este fenómeno, las razones son múltiples y el colapso fue un proceso muy largo. Uno de los motivos parece encontrarse en la desestabilización producida por la victoria de Tikal sobre Calakmul. En sucesivas guerras, las ciudades anteriormente aliadas a estas potencias lucharon por la supremacía, extinguiéndose sus dinastías. Ninguna ciudad logró imponerse en este conflicto y el precio fue muy alto. La organización interna de las ciudades falló, el poder y el carácter divino de los reyes fue puesto en duda y el sistema político cayo hecho pedazos. Ya no existía una élite capaz de superar la crisis. A su vez, un cambio climático agravó mortalmente la situación con sequías prolongadas y hambrunas. El apogeo de la cultura maya, basado en el crecimiento exagerado de las ciudades agotó las reservas de suelo agrícola, lo que obligó a los campesinos a abandonar sus tierras mientras la selva húmeda recuperaba su espacio y ya no pudieron ni supieron adaptarse nuevamente.

Antonio Campillo Ruiz



domingo, 13 de mayo de 2018

PARTIDA SIN RETORNO


UNA VIDA DE DUDAS

Antonio Campillo Ruiz

Anne Bachelier

   El recelo creó una prevención que se convirtió en terror. Nadie quería hacer aquello. El tiempo pasaba velozmente y el pueblo languidecía con la preocupación. Partir hasta aquel lugar y abtener éxito haciendo que los problemas desapareciesen era una idea disparatada para muchos, Él se levantó y echándose la cuerda que siempre le acompañaba allá donde iba y partió para hacerlo. Su temeridad era muy superior a los consejos. Para otros, también su terquedad. Pero, supuestamente, lo hizo y su logro fue un ejemplo para todos los habitantes del lugar. Desde que los viejos eran niños, fue el tema de conversación de todo tipo de tertulias. Quienes eran más osados  llevaban la voz cantante hablando y hablando de los diferentes modos y formas de alcanzar lo que inquietaba a todos. Aquellos que vivían más cómodamente y se encontraban felices por diversos motivos quedaban pensativos sin decir nada y se limitaban a escuchar.  Las mujeres eran más osadas. Sus largas diatribas acerca de la temeridad, la valentía y el coraje, las iba excitando poco a poco hasta que alguna resbalaba por la pendiente de las confidencias explicando sueños que juraba como ciertos aún siendo ilusiones que no se atrevían a explicar ni siquiera a sus novios ni maridos.

Anne Bachelier

   Los domingos, tras la comida, los mozos trataban de simular haber hecho lo que probablemente se hizo en su día. Nunca fueron fáciles la conversaciones y sí frecuente que se acabase en acaloradas discusiones sobre pequeños aspectos que, si bien eran diferentes, no podían ser contrastados. Las chicas lo soportaban de mal humor. Las dejaban solas durante parte de la tarde  y las buscaban cuando la poca luz de las pequeñas farolas ofrecía oportunidades que no eran bien recibidas en plena tarde.

Anne Bachelier

   El día que llegó el forastero procedente de aquel lugar remoto, dueño perpétuo de sus sueños y realidades, fue una fiesta. Nadie creía que pudiese llegar otra persona porque ellos, desde el día del hecho, jamás habían salido de los límites invisibles de su demarcación. Reunido el consejo asesor de hombres ilustres, decidieron preguntarle si conocía el suceso que se produjo aquel día en su remota tierra y si su conciudadano lo hizo. Sentado cómodamente el forastero excuchó con interés la petición y tras un  tiempo de reflexión explicó que el tema era complejo y debía madurar la oportunidad de responder. Acordaron que al día siguiente daría una contestación.

Anne Bachelier

   Los pequeños corrillos de hombres y mujeres se encontraban tan cerca unos de otros que se podían oír entre ellos y formaban un irregular semicírculo que partía y terminaba en el lugar de la reunión. Antes de acabar de aparecer el sol en el horizonte el forastero salió a la calle con cara preocupada y las manos en los bolsillos, se dirigió despacio al lugar de encuentro, entró cortando el inmenso silencio de las gentes y, dirigiéndose al portavoz del día anterior, dijo con solemnidad: “Sí, lo hizo”.

Antonio Campillo Ruiz

Anne Bachelier

lunes, 7 de mayo de 2018

HELIOTROPOS


REALIDAD, FÁBULAS Y FICCIONES

Antonio Campillo Ruiz

"La historia no se estudia
para aprender del pasado,
sino para liberarnos de él."

Yuval Noah Harari

 Quentin Massys

   Atrapado en una inmensa maraña de relatos, fábulas, ficciones y convencionalismos, que conforman una fantasía denominada sistema social, el ser humano actual cree en todas y cada una de ellas atribuyendo al conjunto el nombre de realidad. Algún día deberemos admitir que la Biología no tiene la suficiente información para explicar todo el proceso de la vida y, por tanto, su posible influencia en la sociedad. Para poseer una visión completa de la influencia de la vida humana en la realidad cotidiana necesitamos la Antropología, la Filosofía, la Sociología, la Historia... Ninguna de ellas posee respuestas iguales y, a veces, ni tan siquiera semejantes. Sin embargo la respuesta a una pregunta obvia: ¿Qué es real?, las necesita a todas.


   Una inmensa superposición de relatos, fábulas y ficciones han edificado los cimientos para construir ideologías, jerarquías e incluso modelos de naciones. Sí, parece una idea muy poco ortodoxa pero todos los conflictos que la Humanidad padece son el resultado de interpretaciones contradictorias de relatos comunes, de convencionalismos que, supuestamente, han favorecido la evolución, el progreso y el llamado bienestar. Se posee más alimentos pero tan mal repartidos que el hambre no ha sido una desgracia en la vida de nuestros ancestros, es una desgracia actual. Los pobres no interesan y gran parte del excedente alimenticio se utiliza para el engorde de ganado, en condiciones de vida de dudosa plenitud, que será sacrificado para consumo de los humanos que posean los recursos para acceder a ella o de otros animales.  A la vez, la calidad de diferentes empleos genera, alguna vez, una posible mejora en la vida del trabajador pero, por simple comparación, podemos comparar la calidad del empleo cuando se utiliza una máquina ruidosa, en un lugar inhóspito y caluroso, día tras día y el trabajo desarrollado en un entorno ofrecido por un cultivo en plena Naturaleza. Es posible que en el primer caso el beneficio sea mayor pero es tan embrutecedor que la merecida mejora para el hombre nunca llegará. Mientras, en el segundo caso, la estabilidad mental y el disfrute se transforma en el placer buscado. Poseemos más medios para vivir pero en peores condiciones con respecto a trabajos del pasado.  


   La Biología nos transmite el concepto de evolución. Las personas no han sido creadas, evolucionan, precisamente por ello no son iguales. Así, cada una de ellas ha configurado un relato personal para hacerse entender con otras, estableciendo su propia capacidad para decidir sobre ficciones o relatos más generales con los que han tratado de condicionar su evolución. Con ellos, se ha crecido y contra ellos se establece el principio de defensa a través del derecho a decidir. Durante el principio de las asociaciones humanas, en la Prehistoria, los homínidos, recolectores y cazadores, se agruparon para defenderse de todo tipo de patologías, desde las fisiológicas hasta las confusiones generadas por muchos de ellos para obtener una determinada preponderancia, bien, en el poder, bien, en la calidad de vida personal. Desde entonces, sí, podemos decir que el denominado nivel de vida ha mejorado. Lo inseguro es que los descendientes de aquellos homínidos, nosotros, seamos más felices que fueron ellos debido a que el bienestar material, actual ficción adorada y deseada, no ha aportado al hombre moderno la fortaleza psicológica suficiente para evitar la desintegración familiar o de las comunidades establecidas, actuales fábulas que sostienen la endeble potencia de la sociedad.


Quentin Massys

   Que el hombre está cada día más alienado, más solo y más aislado es un hecho difícil de rebatir. Se crean necesidades que aportan, entre otras, la fábula del bienestar, induciendo inmediatamente a la insensibilidad y sus duros efectos: la inoperancia de todas las actividades que ficticiamente conllevan placer, objetivo último de cualquier actividad contemplativa o creativa. Sin embargo, la Naturaleza posee un equilibrio que renace constantemente porque no necesita ni fábulas ni ficciones ni relatos que adocenen y adoctrinen. El equilibrio de los seres vivos en estado natural contrasta con el desprecio que el hombre realiza de él, siendo que, por el contrario, el desequilibrio humano en la sociedad moderna es evidente.  


   Empresas, naciones, derechos humanos, dioses…, se han construido, en nuestra forma de vida, como relatos, ficciones, fábulas y convencionalismos. Esto no significa que no sean importantes. Son extremadamente importantes por estar basados en la necesidad de creer. Es la convención por la que un hecho, motivo o resultado es creíble y está garantizado. Este es el caso concreto del dinero: un convencionalismo en el que creemos y produce un resultado que posee unas consecuencias reales. La construcción de nuestra forma de vida está basada sólo en estos elementos que acaparan la atención pero no consiguen ninguno de los objetivos que nos podemos plantear en la vida. Así, es de crucial importancia saber distinguir entre ficciones que, en general, poseen un fondo cultural y temporal. No hacerlo nos puede conducir a la pérdida de la realidad creada e inducida.


   Crecimos escuchando historias que comenzaron a contradecirse entre sí y a crear confusión cuasi instantes después de ser enunciadas. Asumimos o replicamos prejuicios que nos enseñan sin tener en cuenta que echando un vistazo a la Historia se consigue detectar su falsedad. Es un hecho que la Historia jamás se repite porque nunca se repetirán con exactitud las condiciones que dieron motivo para que un suceso tenga lugar con idénticas consecuencias a cualquier otro anterior. Entender cómo se ha construido una historia, relato, fábula o ficción, supone ser capaz de no aceptar la influencia que posee sobre uno mismo, a pesar de que los relatos oficiales pueden poseer una credulidad mayor que la derivada de la propia opinión. Nos defenderemos mejor de las ideas confusas cuando observemos la diferencia entre ellas y la realidad que debemos desentrañar sin demasiada ayuda externa. La mejor prueba para  saber qué es real y qué es un relato se basa en preguntar ¿quién sufre y cuánto sufre? ¿Sufre el Estado cuando varios de sus ciudadanos tienen un mal? No, sufren quienes lo padecen. Esto es real, el Estado es una fábula; cuando la banca quiebra, ¿sufren los bancos? No, sufren los impositores que pierden sus recursos. La banca es una ficción. El grave problema de los humanos es que adoptamos la perspectiva de quienes nos ha enseñado que las fábulas y ficciones que soportan un sistema material que no aporta ningún beneficio, padecen los males que soportan en la realidad los verdaderamente perjudicados: las personas.


   Nuestro sistema económico está basado en el crecimiento y no en la sostenibilidad, en el equilibrio,  principio que rige en la Naturaleza. Sin embargo, se necesita crecer y crecer cada vez más, se necesita no colapsar a ninguna de las fábulas o ficciones que soportan el organigrama. Es preciso desear más, producir más y por tanto, consumir más. De esta forma se conserva el sistema y se consigue que si todos producimos más, consumiremos más, ganaremos más dinero por esas transacciones y seremos todos muy ricos. El resultado salta a la vista: la realidad es que cada vez hay menos para más gente. Desafortunadamente, la única ficción que funciona como una realidad, aun siendo un convencionalismo, en todas las culturas, es el dinero.

Antonio Campillo Ruiz

Marinus van Reymerswale




lunes, 30 de abril de 2018

LA EXISTENCIA ESCÉPTICA


AQUELLA TARDE TRISTE

 Antonio Campillo Ruiz

Carne Griffiths

   Aquella tarde en la que el tedio se transformó en interés creciente, en la que todo cambió como alterado por un huracán, en la que se inició aquel inmenso sueño que la preocupó durante años, aquella tarde, larga, triste y silenciosa, había llegado a ser un fraude soñado, presentido y comprobado. Lectora impenitente y amante de las técnicas al servicio del arte, no dejó nunca de seguir más allá del fin de un libro, una película de cine o cualquier otra manifestación artística en la que los elementos emotivos tuviesen un protagonismo importante. Y esa era siempre su pequeña maldición cuando comentaba con Virtuditas y las amigas esos finales en los que todo se deja sin resolver, todo queda en un proceso que no sabremos jamás cómo termina. Su eterna duda y crítica se basaba en una pregunta sin respuesta: bien, ahora que ha acabado la historia, ¿qué sucede con la vida que continúa? ¿Por qué, reiteradamente, acaba cualquier historia en un punto desde el que somos incapaces de suponer la continuación hasta el fin de los protagonistas? ¿Y si llega ese fin cómo sucede?

 Carne Griffiths

   Ella estaba viviendo más allá del fin de aquellas tardes en las que su ilusión la conducía por caminos desconocidos pero anhelantemente buscados para poder vivirlos, tal era su deseo: poder alcanzar el momento soñado en aquel instante. Ensimismada en estos pensamientos apreció el roce cariñosa de una mano y mirándola con gratitud sintió un escalofrío que la condujo a preguntarse ¿esta caricia era la que siempre trató de alcanzar? Su cara, seria y con mirada perdida denotaba un pensamiento que la inducía al estupor y la sorpresa. No deseaba contestarse, No quería que se apreciase la más leve sombra de infelicidad o decepción pero sabía que ambas existían en su alma.

 Carne Griffiths

   Nunca supo lo que era la felicidad. Ninguna de las muchas definiciones, aclaraciones o ejemplos que le transmitían la convencieron. Era incapaz de apreciar más allá de unos pocos instantes de felicidad, justo cuando su mente volaba por vericuetos extraños. Este era su bienestar especial, su concepción particular de una parte importante de su alma y los sentimientos que de ella derivaban. Desde aquel lejano día pensó que su alma era incapaz de vislumbrar lo etéreo, que sólo apreciaba la realidad, una realidad escéptica hacia todo aquello que no fluía de sí misma. Sus vivencias desde aquella lejana tarde habían sido normales, cotidianas y vulgares. Nada nuevo había sucedido, todo se desarrollaba con desesperante normalidad, algo que no había sido previsto por sus ansias imprevisibles e incluso, alguna vez, demasiado locas. ¿Sería esta la causa de su desazón? ¿Debió continuar la película cuando tuvo que acabarla, a pesar de no  conseguir lo esperado?

 Carne Griffiths

   Aquella tarde triste, cuando su mirada lánguida se entretenía en buscar y buscar, no se repetiría, ni falta que le hacía. Su continuación en tiempo y sentimientos era tan extraña que nunca lo había ni imaginado ni esperado. Todo paz, todo serenidad, poros que absorben momentos irrecuperables, realidad diseñada y ni una sola sorpresa, ni un solo motivo para que la vibración de su alma fuese armónica con espacio y tiempo, sin soltar un inmenso pitido de satisfacción. ¡No lo podía creer! La caricia suave de aquellos dedos largos y cuidados la hicieron volver a una realidad existencial incrédula y pasiva. Sonrió levemente a quien le tocaba y suavizando su gesto adusto sonrió besando levemente la mejilla y mano del ser que se preocupaba por su bienestar.     

Antonio Campillo Ruiz

 Carne Griffiths



domingo, 22 de abril de 2018

LA SENSACIÓN FÍLMICA


VINO TINTO EN COPAS VERDES

Antonio Campillo Ruiz


   Al despertar de un reparador descanso, en un momento de intimidad, el aseo cotidiano favorece las funciones placenteras de los sentidos. Así empieza este día que Birgit Cullberg nos muestra en una adaptación sorprendente y cuyo significado argumental es favorecido por una delicada e imaginativa música que no fue compuesta para ello, el Concierto para Piano y Orquesta número 3 en Do menor Op. 37 de Ludwig van Beethoven. El espectador comprende la sencilla descripción de un encuentro, los escarceos preliminares para alcanzar un retazo de placer, una vivencia que provoca una inmensa explosión de alegría expresada mediante unas imágenes de gran belleza estética. Un pesar y recuerdo desasosegantes se manifiestan tras la pérdida de la sensación experimentada. Alcanzada nuevamente la razón de la sinrazón perdida, nos elevamos nuevamente a lo anhelado.


   Con parsimonia, sin la extrema prontitud que se requiere en el momento actual, el espectador observa cómo el entorno en el que se desarrolla la acción posee unas variaciones y cambios de color en el espacio representado que son, cuanto menos, extrañas. Aprecia que los actuantes no poseen sombra a pesar de la iluminación que deben recibir para poder ser filmados. Que la coreografía se desarrolla en lugares insólitos e incluso pareciese que se han creado para ello. Bien, la tecnología, cuando esta película fue rodada, empezaba a desarrollar lo que en la actualidad es muy común y ha producido tal cambio en los aspectos cinematográficos de la imagen dinámica que podríamos expresar nuestra sorpresa ante la creación de aspectos fílmicos, sentidos por el espectador, a través de la técnica pura. Las imágenes se producen mezclando, a través de un simple aparato electrónico, imágenes reales y virtuales. Su evolución en el tiempo ha sido tan rápida como eficaz. Es el Chroma Key, la “llave del color”, la clave de los efectos que son ya habituales incluso en las imágenes que proyectamos en nuestro salón de casa.


   Sin embargo, en 1971, año de realización de esta coreografía, producida por Måns Reuterswärd e interpretada por los danzantes Mona Elgh y Niklas Ek, bajo la dirección de Birgit Cullberg, esta técnica era muy primigenia y se utilizaba, con frecuencia, como mero efecto especial. En general, no se tenía en cuenta que un aspecto cinematográfico puede y debe favorecer en todo momento los aspectos fílmicos que se generan en el espectador. Incluso, muchas veces, no se tenían en cuenta los defectos provocados en la correcta audición o visión. Así, el persistente ruido distractor, denominado en el argot cinematográfico “tostoneo”, provocado por la sensibilidad de la célula fotoeléctrica para la lectura de la banda sonora en películas de celuloide, ha condicionado que se aporte la música interpretada sin sonoridades de fondo perniciosas. La dirección de Claudio Abbado y la interpretación como solista al piano de Alfred Brendel, proporcionan una calidad innegable al concierto, a pesar de la lenta presentación inicial. Podemos comprobar, sin embargo, que hasta la interpretación dirigida por Krystian Zimerman posee sonido distractor de fondo.


   Al cambiar el formato, desde celuloide a cinta de vídeo de ¾ de pulgada, ni la imagen ni el sonido poseen la perfección que se deseó para señalar esta realización como ejemplo de la técnica al servicio de la comprensión fílmica. A pesar de todo, tras treinta años de encontrarse en este formato, se publica por primera vez tras haber sobrepasado los veinticinco años acordados para ello y poder mostrar la inmensa carga emotiva que la realizadora Birgit Cullberg imprimía siempre a sus adaptaciones de música clásica para coreografías de ballet. Es probable que este sea el motivo por el que no aparece publicada en medios que, por el contrario, favorecen en muchas ocasiones imágenes dinámicas de ínfima calidad fílmica.  “Röt vin i gröna glass” obtuvo el Premio Extraordinario en el XXXI Certamen Internacional de Cine de Cortometraje y Animación de Murcia.         

Antonio Campillo Ruiz



Debido al formato de la imagen, es deseable visionar la película a plena pantalla.



martes, 17 de abril de 2018

LA LARGA BÚSQUEDA


REALIDAD Y PREDICCIÓN: DECOHERENCIA

Antonio Campillo Ruiz


   Fisiológicamente la biología de nuestro cerebro influye en la toma de decisiones, así como el entorno, cultural o sociológico y por ello, alcanzamos realizaciones que poseen relevancia necesaria en lo cotidiano, en aspectos que nos afectan decisivamente, en nuestras vidas. Sería curioso plantearnos dos preguntas que, cuanto menos, nos han supuesto un gran trabajo responderlas o nos han sorprendido nuestras propias respuestas: ¿Lo realizado en las etapas temporales de nuestra existencia está ya decidido y cualquiera lo ha podido leer en el libro de lo establecido desde el principio de los tiempos? ¿Existe el libre albedrío? ¿A qué denominamos destino? Bien, dirijamos nuestra atención a la base fundamental de la realidad y hagamos una posible correlación realidad/emotividad.


   Diferentes e innumerables procesos físicos y químicos poseen “normas de comportamiento” que llamamos propiedades, constantes e incluso rutinarias. Por ejemplo, el recorrido del Sol en el espacio cercano se comporta siguiendo un patrón “rutinario” que presagiamos como preestablecido. Las “normas” de nuestro Universo, en su conjunto, parecen obedecer a sucesos, denominados patrones, basados en hechos que pueden ser constatables previamente, por tanto, su comportamiento obedece a lo que hemos denominado “lo establecido”. Podríamos decir que hechos diferentes producidos en tiempos diferentes, aparentemente se producen de igual forma. Pareciese que unas “instrucciones”, que cumple el Universo, las hemos transformado en reglas básicas sobre las que basamos el comportamiento predecible.


   Asignemos el nombre de “sistema” a nuestro propio cuerpo, formado a su vez por innumerables “componentes” que poseen un comportamiento que afecta al sistema completo. Podemos determinar, como generalidad, que el estado del sistema determinado como tal, es conocido en un momento ya que podemos predecir con exactitud el resultado que tendrán en él sus diferentes componentes en un instante dado. Estos procesos, supuestamente  preestablecidos, se calculan mediante ecuaciones matemáticas que pueden determinar la evolución temporal del sistema completo.


   En Física, estos hechos son definidos como Leyes Clásicas que pueden afectar a cualquier elemento de un sistema y se establece que todos ellos poseen una trayectoria existencial y se desarrollan en ella siguiendo unos procesos que previamente se han establecido como básicos, lo que implica poder predecir comportamientos futuros. Estos procesos no se refieren sólo a resultados materiales de los componentes de cualquier sistema que se encuentre en nuestro Universo, afecta directamente a la vida del objeto sobre el que se realizan cambios de su pasado y la predicción de su futuro. La Física “garantiza” que si en un instante detienes el flujo de hechos de un cuerpo, este se encontrará en un espacio y ha empleado un tiempo idéntico al empleado en otras ocasiones para el mismo proceso. Determinar el siguiente hecho que va a tener lugar depende exclusivamente de los cálculos basados en hechos, aparentemente repetitivos con anterioridad. A la Física Clásica podríamos denominarla “el destino físico carente de libre albedrío”.


   Sin embargo, en Física Clásica, para predecir debemos conocer las variables que intervienen en los procesos. ¿Podríamos, pues, tener en cuenta los miles, e incluso miles de millones de posibilidades de que una causa poseyese un efecto que no está predeterminado ni por fórmulas matemáticas ni por leyes físicas basadas en ellas? ¿Todas? Sí, todas. Consideremos, por ejemplo, las variables que tendríamos que tener en cuenta para predecir exactamente la trayectoria de una pelota cuando repite un recorrido que ya ha realizado: peso, velocidad inicial, velocidad del aire, momento de giro, impulso, etc., etc. Esa inmensa cantidad de posibles variables hacen imposible, por simple que sea el fenómeno, que podamos determinarlas en su totalidad. Ellas son las que motivarán las supuestas predicciones porque, en la práctica, la reiteración de un proceso idéntico sólo puede estar ligado a los sistemas caóticos en los que un infinitesimal cambio determina una ampliación que desvirtúa, inmensa e impredeciblemente, los resultados.


   En realidad, lo que se creían normas definidas rotundamente para el Universo y, por tanto, el resultado futuro de comportamiento de un sistema sólo es una excepción muy particular de las partículas más pequeñas del Cosmos: los componentes esenciales de los elementos de un sistema, los átomos y las partículas que los componen. Las llamamos “Leyes Cuánticas” y, por lo que sabemos en la actualidad, sí que poseen “las normas que cumplen la realidad”. ¿Qué podría decir la Mecánica Cuántica del futuro predestinado, lo que podríamos denominar destino? Bien, tendría que referirse a los átomos, lo enormemente pequeño. Observaciones iguales de los átomos que componen un sistema concluyen que su comportamiento no está predeterminado y, por anto, no se comportan de igual forma. Por ello, tendríamos miles de diferentes comportamientos posibles generadores de “la probabilidad” de que la realidad predeterminada de uno de los elementos del sistema se acercase más que el resto a la verdad predecible. Así pues, la idea de “hechos prefijados” o “destino” no se cumple a nivel fundamental. Los hechos acaecidos por cada átomo en particular son infinitos, a pesar de que los reduzcamos a unos pocos de una forma aleatoria. La probabilidad de poder conocer con antelación un resultado puede ser previsible pero no podemos aseverarla. Así pues, diríamos que la Física Clásica está conformada por teorías deterministas ya que la predicción de sucesos mediante el estudio de las variables que establecen sus normas, aun sin conseguirlo, puesto que las variables pueden llegar a ser infinitas, necesitan una causa para que se produzca el mencionado suceso: podría predecirse el futuro de todo el Universo. La Mecánica Cuántica posee una falta de determinismo puesto que se basa en las probabilidades de que se puedan o no producir hechos en los elementos de un sistema que son, igualmente, cuasi infinitas: el futuro del Universo no está predeterminado.


   Los cimientos del Universo se basan en la probabilidad y las Leyes Clásicas son una excepción en las Leyes Cuánticas. Ambas deben “encajar”. Y este, este es el punto en el que nos encontramos en el momento actual. Se planteó ya en la “Teoría del Todo” y los trabajos científicos que se están realizando. Se puede estudiar la “decoherencia”, el privilegio de un camino probable frente a otro en las partículas de las que todos estamos formados. Es una explicación para compatibilizar ambas Leyes pero con la certeza de poder equivocarse “probablemente”. Podríamos decir que en el mundo de los objetos inmensos, el concepto de destino existe porque las normas se cumplen y en el mundo de las partículas que conforman cualquier sistema y, de entre ellos, nuestro propio cuerpo, la decoherencia es la norma. Así, nuestro cerebro, del que parece surgir este interés por la predicción del futuro mediante reglas, puede ser decoherente, es decir, un sistema caótico en el que se amplía el azar en función del comportamiento de las partículas inmensamente pequeñas. Podríamos determinar que desde el punto de vista físico, clásico o cuántico, el libre albedrío, el  azar caótico personal, posee una existencia real pero no definida ni predecible.    

Antonio Campillo Ruiz