Mostrando entradas con la etiqueta Comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comunicación. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de marzo de 2013

REALIDAD FICTICIA

ILUSIONES ÓPTICAS

Antonio Campillo Ruiz


¿Es cierta nuestra percepción? Posiblemente. Percibimos aquello que es capaz de ser captado por el cerebro estando completamente seguros que nuestro cerebro no nos puede engañar, ¿por qué lo iba a hacer? En otras etiquetas del blog podemos repasar qué leves diferencias existen entre los órganos que captan lo externo a nosotros y quien procesa la información que le llega y decide qué hacer con ella. Las ilusiones ópticas lo son a causa del ojo, no del cerebro. Si fuese así, se llamarían ilusiones cerebrales. El ojo humano envía datos al cerebro que poseen dos dimensiones cuando se trata de representar tres. Este dato, percibido en función del entorno en el que se encuentran los objetos de atención, ocasiona que el cerebro los capte como deben ser y no como una perspectiva alterada.


A pesar de haber comprobado que las velas se han encendido sobre una superficie plana, el suelo, cuando la cámara realiza un traveling suave y modifica sustancialmente el punto de vista, la percepción varía hacia el aspecto normal de representación en el espacio, la tridimensionalidad. Comprobamos, además, un hecho que es incontrovertible cuando el realizador sube a lo alto del paralelepípedo inexistente.

   
   El artista Francois Abelanet juega con los visitantes en un jardín de París. En este caso utiliza la técnica conocida como anamorfis para dar la impresión de relieve. Una anamorfis es una deformación reversible de una imagen producida mediante un procesamiento óptico. Se suele utilizar como efecto de perspectiva en el arte para forzar así al espectador a mantenerse sobre un determinado punto de vista preestablecido



domingo, 13 de junio de 2010

LA TELEVISIÓN EN EL CINE

METACOMUNICACIÓN

Antonio Campillo Ruiz

   En función de oportunidades o modas, casi siempre relacionadas con momentos sociales, los medios de comunicación, en cualquiera de sus formatos, se miran en un espejo y ven una imagen virtual, siempre virtual, de ellos mismos. Relatan cómo se establece su comunicación con los receptores y de vez en cuando, solo de vez en cuando, se autocritican y denuncian su propia actividad comunicadora.

   El receptor, siempre elemento pasivo del contenido comunicado, con demasiada frecuencia, acepta esta autocrítica como cuando se entona un mea culpa sobre manipulaciones, pésimos contenidos y oportunidades marcantilistas de quienes, inicialmente, las han cometido y solicitan perdón por haber prescindido en su totalidad de la idoneidad de lo comunicado a los receptores.


   El metacine, a lo largo de la historia, ha sido didáctico porque nos ha enseñado cómo se lleva a cabo una realización, ha justificado errores propios cuando ha tratado de exponer la bondad de los mismos a pesar de estar convencido de lo contrario y ha generado en el espectador un sentimiento de cuasi culpa cuando se autocritica al entender el espectador que el medio es capaz de reformar aspectos que no ha cumplido y, a veces, a pesar de haber sido errores “disculpables” para instituciones culturales y sociales, han sido, casi siempre, deformantes.


   El medio audiovisual por excelencia, ha sido implacable y despiadado con los medios visuales, periódicos, y no ha dejado títere con cabeza cuando ha criticado de forma hiriente a un medio audio que ha sido durante mucho tiempo uno de los más amenos, la radio. Menos mal que ambos siguen siendo, y cada vez con más fuerza, unos excelentes medios de comunicación. Tímidamente se ha criticado a si mismo pero “con la boca pequeña”. Casi siempre, en su propia crítica ha introducido elementos justificativos de su proceder, bueno o malo. Ha sido muy condescendiente consigo mismo.


   La llegada de la televisión ha empañando lentamente y sin pausa la gran estima y categoría de los medios audiovisuales. Pero la televisión, como el resto de medios, ha tenido aciertos y fracasos en su cometido comunicativo, de tal manera que en el momento actual su desprestigio social es enorme, siendo que cada vez posee más seguidores. ¿Incomprensible? ¿Absurdo? Puede ser, pero es una realidad social. Esta peculiaridad ha llevado al cine a valorar a la televisión de forma inexorable, inflexible y cruel. 


Es posible que no le falten razones, solo posible. Creo que nunca debemos establecer comparaciones entre ambos medios ya que casi siempre serían inadecuadas y parciales. A pesar de ello, el duro y despiadado tratamiento que se produce en el cine hacia su mayor “enemigo” audiovisual, probablemente es el mismo que se tendría que aplicar a él mismo: desde mil ochocientos noventa y cinco el cine ha determinado, en gran medida, pensamientos y actos sociales de importancia trascendental. Claro que, conociendo el lenguaje audiovisual y teniendo el medio en la propia casa, la televisión ha tomado poco a poco el poder que siempre tuvo el cine.

   Este poder “se desgrana” en “Network” de Sidney Lumet, 1976, retitulada en español “Network, un mundo implacable”. Una película de 1976…, cuando en España empezaba a tener éxito el color en la pequeña pantalla y los dirigentes de medios de comunicación comprobaron, con los acontecimientos sociales del momento, el enorme potencial comunicativo que poseía la televisión. Además, un magnífico grupo de actores representan “el interior del plató”: Faye Dunaway, William Holden, Peter Finch, Robert Duval..., y un “implacable” guión de Paddy Chayefsky galardonado con un Oscar, así como a la mejor actriz, Faye Dunaway, mejor actor (póstumamente), Peter Finch y actriz secundaria, Beatrice Straight. Cuatro merecidos premios de la Academia. 


   El problema surge cuando cualquier programa de televisión nos plantean “lo virtual” como aspecto “real” de nuestra vida. El problema sigue surgiendo cuando nos creemos “la virtualidad” como si fuese “realidad”. El problema aparece cuando se aprecia y se asume que es un medio que no “cuesta dinero”, ni es obligado colocarte mirando hacia un lugar determinado, ni debes estar incómodo, ni asistir a él en un horario rígido, y bueno…, la pantalla es más pequeña pero cada vez se ve mejor… Estos son los “problemas” de la enorme aceptación del medio por excelencia de la capacidad de no pensar. De la pasividad. De la falta de creatividad. Del atontamiento progresivo de los receptores a través de programas incalificables.


   ¡Ah, pero tiene un inconveniente mucho peor! ¡Puede visionarse en él películas rodadas para el cine! No las últimas realizaciones pero si cine de cualquier época y género. Solo depende de la cadena que compra los derechos de proyección por un tiempo o número de proyecciones. ¡Esto es nefasto! ¡Esto es el fin del cine! ¡Esto es una intromisión de un medio en otro! ¡Esto se tiene que pagar!

   Pues no, amigos lectores, nunca se podrá comparar la proyección de una película en un cine, cada vez más sofisticada técnicamente, a un “pase por televisión”. En el momento actual se está desarrollando una etapa que mejora sustancialmente la calidad y activa, con gran rapidez, la evolución de las proyecciones cinematográficas para que cada vez mejore con mayor intensidad su poder abstracto de sueño virtual.






viernes, 1 de enero de 2010

LENGUAJE. "LAS MÁQUINAS" - PRIMERA PARTE.


II SEMANA DE FILOSOFÍA DE LA REGIÓN DE MURCIA

 

“LOS LENGUAJES DE LA COMUNICACIÓN”


“EL LENGUAJE DE LAS MÁQUINAS”



                                                 Antonio Campillo Ruiz
                                                  Catedrático de Física y Química
                                                 Profesor de Nuevas Tecnologías

PRIMERA PARTE.

   El estudio del lenguaje humano comporta una problemática muy extensa y compleja estudiada tanto por lingüistas como por filósofos, psicólogos y sociólogos. El lenguaje constituye uno de los atributos culturales distintivos de la especie humana. En este sentido la posesión del mismo implica enormes posibilidades para la comunicación y, por supuesto, para la elaboración, almacenamiento y transmisión de saberes y conocimientos.

 

1

“El mundo moderno ha sido moldeado por la metafísica.  La metafísica la ha moldeado la educación, y ésta, a su vez, ha dado lugar a la ciencia y a tecnología.  De modo que, sin necesidad de volver a la metafísica y a la educación, podemos decir que el mundo moderno ha sido moldeado por la tecnología”.

                                                                  E. F. Schumacher
 
   El ser humano ha vivido en este planeta durante millones de años.  Hasta hace unos cinco mil años vivía sujeto a las fuerzas incontrolables de la naturaleza.  La comunicación química, acústica y visual se establecía de forma natural aún sin predeterminar códigos concretos para ellas que pudiesen establecer un tipo de lenguaje específico. El conocimiento se pasaba de generación en generación por la palabra o por el mecanismo poco fiable del mito.  Entonces, el ingenio del ser humano descubrió cómo almacenar información de una forma fácil, accesible y duradera: la escritura.  Escritura ideográfica que pervive en nuestra sociedad actual, escritura de palabras, de sílabas, fonética o jeroglífica como mezcla de ideografía y fonética, etc.  No solo se podía almacenar el conocimiento, también se podía lograr que trascendiera en el tiempo y en el espacio.  Empezó la civilización.

   El término máquina se puede definir como un instrumento inerte cuya eficacia depende por completo de la habilidad del sujeto que la maneja y de la capacidad de control de los procesos de trabajo incorporados a la producción automatizada.  En sí mismas las máquinas no deben poseer ningún tipo de lenguaje específico, deben ser simples medios de trabajo o autómatas repetitivos de procesos concretos.  La especie humana las ha dotado de códigos semejantes a los suyos propios que posibilitan lenguajes inteligibles por el ser humano e incluso por otras máquinas.

2
“El descubrimiento consiste en ver lo que todos han visto y pensar en lo que nadie ha pensado”.
                                                           Albert Szent-Györgyi

   En el año 65 antes de nuestra era, Tito Lucrecio Caro escribió la única obra suya que ha llegado hasta nosotros, “De rerum natura” (“Sobre la naturaleza”).  El contenido de esta obra poética, única en su género y de excelente expresión, es el documento más completo y más orgánico que tenemos sobre la doctrina materialista de Epicuro.  Al tratar Lucrecio, en el libro IV de su obra, la verdadera naturaleza de la visión del movimiento de un objeto cualquiera, afirma la semejanza entre la visión que se tiene despierto y la que se tiene soñando.  Establece así su teoría sobre el movimiento de la imagen: “... la ilusión del movimiento/ de una imagen/ se produce por/ un desfile intermitente y velocísimo/ de multitud de imágenes instantáneas/ correspondientes a los momentos/ sucesivos y próximos/ de la duración/ del supuesto movimiento”. Así, las micropartes espaciales y temporales, desprovistas para nosotros de extensión y duración, desfilan a enorme velocidad y esta sucesión es percibida por nosotros de manera ilusoria como el movimiento de una misma imagen en un espacio y en un tiempo continuos. 

   Lucrecio había descubierto el cine.  Lo que no pudo es fabricar una máquina capaz de generar la ilusión por él descrita y que además estableciera los códigos específicos para que se transformara, quizás, en la primera máquina que genera un lenguaje propio y tan universalmente aceptado como para que máquinas posteriores lo adapten e incluyan en su propia forma de trabajar: el lenguaje fílmico.

   Es indudable que muchas de las máquinas posteriores a la cámara como medio de adquirir la información y el proyector como medio de reproducir dicha información, han adquirido, en distinto formato, el lenguaje fílmico que se genera con ellos.  El hipertexto en la pantalla del ordenador actual es una prueba de ello.
  
3
“Si todavía estuviéramos usando los sistemas telefónicos tal como existían hace sólo diez años, sería ahora necesaria toda la población del planeta para operar la red de teléfonos”.
                                                          Michiyuki Uenohara                                             
   La explosión de la información es el problema. Toda la información que existía hasta el nacimiento de Jesús se dobló en 1750 años.  Esa misma cantidad de información se genera ahora en apenas dos años.  En algunos campos como el científico-técnico la información se produce a un ritmo de veinte millones de páginas al año.  Hay tanta información que no se puede ni leer el resumen de todo lo que hay escrito.  Sólo hay una forma de hacerlo y es con la ayuda de los ordenadores.

   La capacidad de almacenar información de forma duradera fuera del cuerpo humano y luego acceder a ella es fundamental para la civilización y esencial en una sociedad compleja como la nuestra.  Con la invención de la imprenta esa capacidad dejó de ser privilegio de unos pocos y se hizo accesible a todos. 

   En una fracción de segundo un fotógrafo puede capturar y retener más información de la que un artista podría reproducir en toda su vida.  Enlazando series de fotografías se crea un medio que almacena información y crea la sensación de movimiento. Este  movimiento sentido pero no real se puede observar detalladamente acelerando o ralentizando la secuencia fotográfica.  Cuando se hace pasar una cinta de vídeo por una cabeza magnética se reproducen imágenes previamente almacenadas pero también hay en esta cinta instrucciones para que se mantenga estable la imagen, qué color posee cada porción de la misma, y algo que no se ve: el código de tiempos.  Utilizando este código un montador puede programar puntos de edición exactos.   

   Tanto la película óptica producida por medios químicos como la cinta de vídeo tienen la capacidad de almacenar grandes cantidades de información y siguen siendo muy útiles para éste almacenamiento, pero según avanzamos en la era de la información sus desventajas se hacen cada vez más claras: necesitan espacio, mucho espacio.  A la vez, las máquinas que las reproducen son mecanismos muy complicados, con piezas móviles que inevitablemente ensucian y rompen el formato de almacenamiento y lo que es peor dañan el propio material informativo. Tecnológicamente las dos se reproducen de una forma secuenciada, no hay medio de buscar datos directamente. 

   La tecnología de los vídeo discos resuelve alguno de estos problemas y aporta ciertas ventajas.  La información se digitaliza en ellos siguiendo el mismo principio fisiológico que se produce en el ojo de una mariposa.  Algo tan sencillo como un ojo compuesto, que es perfectamente semiesférico, se deforma con los fotones que le llegan desde distintas partes y esta deformación es inteligible para que la mariposa pueda deducir desde dónde se proceden los fotones y qué estructura tridimensional los genera.  Pues bien, la superficie del disco es deformada en ciertos puntos por medio de un rayo láser y esa deformación al proyectarse sobre ella otra luz coherente reproduce le “estructura” que la produjo con lo que se vuelve a obtener la “imagen” del objeto que la ocasionó.

   Alguna de las ventajas son obvias: al utilizar un rayo láser como puntero de escritura y posteriormente como lector, el disco nunca se destruye por el mecanismo del aparato, la información no se pierde, se puede tener acceso inmediato a cualquier parte de la información almacenada, las copias no tienen por qué hacerse en el momento y además de poder almacenar tanto escritura como diagramas o dibujos, se pueden almacenar miles de imágenes.  Con la nueva tecnología DVD-ROM, cuyo futuro ya pasó, desarrollada por la industria cinematográfica y la de ordenadores, se puede multiplicar la capacidad de almacenamiento hasta diecisiete gigas por ambos lados del disco y aunque perdamos velocidad de transferencia su calidad en imágenes es igual a la del cine.     

CONTINÚA “SEGUNDA PARTE”

LENGUAJES "LAS MÁQUINAS" . SEGUNDA PARTE.


II SEMANA DE FILOSOFÍA DE LA REGIÓN DE  MURCIA

 

“LOS LENGUAJES DE LA COMUNICACIÓN”


“EL LENGUAJE DE LAS MÁQUINAS”


                                                  Antonio Campillo Ruiz
                                                Catedrático de FísicayQuímica
                                                Profesor de Nuevas Tecnologías

SEGUNDA PARTE.

4
   “El gran libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático”.
                                                                       Galileo Galilei

  Nosotros, los humanos, poseemos en nuestra propia estructura fisiológica la primera memoria digital: las manos.  Veamos cuantas letras tiene la palabra memoria.  Siete.  Tenemos diez dedos en las manos y podemos contar y marcar las letras con parte de ellos.  Utilizamos en nuestra aritmética la base decimal.  Los primeros ordenadores también usaban memorias mecánicas: sabían contar.  Utilizaban engranajes, palancas, cadenas, etc.  Debían ser algo así como ábacos donde se movían piezas de un lado a otro.  No eran lo bastante rápidos y con la electricidad se generaron dispositivos electromagnéticos que eran más eficaces pero seguían siendo lentos.  Posteriormente se entró en la era electrónica: se inventó la válvula.

   La válvula opera a la velocidad de la luz aunque es grande y consume mucha energía.  Las válvulas se sustituyeron por transistores, eran diminutos y no consumían excesiva energía, pero para almacenar algo tan simple como mi nombre, mi dirección y mi número de teléfono se necesitan unos 500 transistores y ocupan mucho espacio.  Se pasó a la memoria de núcleos que ya podía almacenar una cantidad superior de información.  Pero esta no basta porque hay que almacenar mucha información, así que se pasó a los circuitos integrados.  Pero incluso esto no es lo bastante pequeño porque aunque estamos trabajando a la velocidad de la luz se pueden tardar miles de millonésimas de segundo en mover una pieza de información de un lugar a otro, y mil millonésimas de segundo no es lo bastante rápido cuando se trabaja con miles de millones de unidades de información. 

   Con el constante incremento de la información que se genera en la actualidad y el amplio uso de proceso de datos y la tecnología de almacenaje en negocios y en investigación, los científicos de todo el mundo compiten por buscar dispositivos que almacenan más y más información en menores y más rápidos chips.  Se llega así al estudio de la molécula misma como sistema de producción y almacenamiento de información: es la porción más pequeña del universo que puede ser utilizada como dispositivo electrónico.  Tengamos una molécula polarizada, una parte de la misma es rica en electrones y la otra es pobre en ellos y entre ambas partes existe una estructura puente que las une.  Si se dispone esta molécula entre dos electrodos y aplicamos un voltaje coincidente o no con la polaridad de la propia molécula ésta reaccionará transmitiendo o impidiendo el paso de electrones por ella.  La molécula actuaría como un rectificador y obligaría a los electrones a ir en una única dirección.

   El empleo de las moléculas individuales en electrónica puede ser un paso en la miniaturización, pero la información es inútil si no puede ser utilizada por las personas.  El primer problema de manejar grandes bases de información posee tres partes: El problema de introducir la información, el  de mantenerla allí y el de organizarla para poder extraerla.  El segundo problema es que las inmensas bases de datos existentes tienen que ser consultadas y el usuario debe saber cómo acceder a las mismas, cómo poder comunicarse con la máquina que las contiene.  Actualmente personas que no saben absolutamente nada de ordenadores pueden aprender este lenguaje y acceder a la información de una máquina e incluso realizar preguntas complejas mediante una simple relación de ejemplos de lo que se quiere conocer.  Con la próxima generación de ordenadores y sistemas de telecomunicación la base del conocimiento será el propio conocimiento, la información. Todos los días aumenta la cantidad de información almacenada: tarjetas de crédito, pólizas de seguros, archivos médicos, banca, archivos criminales, información de la seguridad social, impuestos, etc.  Los seres humanos siempre han confiado en memorias ajenas a su cerebro.  Se debe conseguir que las personas utilicen su propia capacidad cerebral, sus conocimientos,  de forma mucho más efectiva.  El ordenador es para la persona humana y según evolucionan las necesidades de las personas los ordenadores cambiarán y al cambiar los ordenadores las personas variarán sus necesidades.  Este es uno de los aspectos en donde es más patente la interrelación entre el ser humano y la técnica: la expectativa conduce a la demanda.  La expectativa de una tecnología más perfecta lleva a la exigencia de una tecnología óptima, lo cual lleva a los científicos a la creación de una tecnología que satisfaga esa demanda y este proceso circular continuará y cambiará, será diferente no sabemos hasta qué punto, basta decir que si el hombre la necesita en un momento dado la tendrá.

   La nueva era de la tecnología de la información se basa en ordenadores que sólo entienden de códigos y lenguajes numéricos.  Es la información digital.  Si descomponemos la imagen de un televisor en pequeñas partes y asignamos un valor de brillo a cada una el ordenador entenderá y almacenará información visual.  Las imágenes en directo que se suministran al ordenador son tratadas, comparadas y almacenadas como series de números.  Este tratamiento digital de la imagen de televisión requiere casi 30 veces más memoria que su equivalente analógico, pero su calidad, acceso y posibilidades de almacenamiento se mejoran enormemente.  Una de las primeras formas de almacenamiento a gran escala ha sido el panal, que desarrolló IBM. Un ordenador con este dispositivo puede almacenar 470.000 millones de caracteres de imprenta, lo que equivale a unos 750.000 libros o a todos los libros de la biblioteca de una gran ciudad.

   En cualquier caso, a veces, no debemos emplear el término memoria.  Sería más exacto “dispositivo de almacenaje”.  Una cinta magnética, un disco magnético u óptico no recuerdan la información, simplemente la almacenan.  Para acceder a esta información de cualquiera de ellos se tienen que mover y aplicar dispositivos lectores.  Una verdadera memoria de acceso directo no tiene piezas móviles.  La antecesora de todas ellas es la memoria de núcleos.  La memoria estática de acceso o memoria RAM contiene pequeños circuitos en cada uno de los cuales contiene varios transistores como elementos de memoria unidos por medios de otro circuito al diminuto chip.  Se le introduce la información y allí se queda.

   Para los seres humanos las viejas máquinas eran muy simples e incapaces de adaptarse a él.  Ahora, las nuevas máquinas, por su capacidad de inteligencia y en cierto sentido de ingenio, nos van a permitir ser mucho más individualistas. Por ejemplo, en la producción en serie si estás marcando objetos con un determinado instrumento todas las piezas tienen que resultar iguales.  Pero si un microprocesador controla el proceso de fabricación puede hacer que cada uno de los productos de la cadena de montaje sea distinto y personalizado para cada individuo que vaya a adquirirlo.

   El último adelanto es del pensamiento más que de la tecnología: es el microprocesador.  Contiene todos los circuitos necesarios para hacer un ordenador y cuando se lo lleva uno a su casa no hace nada.  Es incapaz de hacer nada.  Pero si se le pone un teclado para programarlo y una memoria que recuerde lo que se le ordena y un dispositivo para que conteste, entonces se le puede enseñar cualquier cosa.  Eso significa para nosotros que podemos tener en casa una máquina inteligente a la que podemos hablar, con la que podemos trabajar y a la que podemos dar órdenes, y para el fabricante significa que cuando un sistema de microprocesador se queda anticuado lo único que hay que hacer es llevarlo a la fábrica y que allí lo instruyan.

5
El futuro que pasó.

A lo largo del siglo XX, el desarrollo tecnológico ha originado innumerables repercusiones sociales, que han afectado a todos los sectores de la sociedad, influyendo en la calidad de vida, en los hábitos de consumo, en la organización de trabajo, en la estratificación de la sociedad, etc.  Con respecto al uso de algunas máquinas los datos estadísticos son suficientemente elocuentes:  en la comunidad autónoma de Madrid, el número de hogares con receptor de TV es del 98,6 %, con receptor de radio el 83,9 %, con algún equipamiento de sonido como cadenas de música o aparatos de discos compactos el 88,6 %, con vídeo/DVD el 54,7 %, con cámara fotográfica el 66,3 %, y con ordenador el 43,4 %.

   Como comenta en un periódico nacional V. Verdú en un artículo titulado “Ciberestudiantes”, antes se entregaban lápices y cuadernos al llegar a la escuela.  Este otoño, en Wake Forest, una universidad privada norteamericana de Winston Sales, la dirección entregó a los 940 nuevos estudiantes un ordenador portátil para cada uno.  Los alumnos acuden a clase con el ordenador; toman sus apuntes en él, redactan sus ejercicios en la pantalla y los completan con imágenes y notas tomadas de Internet; a través de la pantalla se comunican con los profesores, les plantean preguntas, reciben recomendaciones, envían sus trabajos para ser corregidos en privado o públicamente mediante proyecciones en la clase.  Un equipo de 20 ordenadores para alumnos y un sistema de proyección tenía un coste, hace unos anos, de alrededor de trece millones de pesetas y actualmente unos seis mil euros (un millón de pesetas). Quienes disponen de estos medios obtienen una clara ventaja respecto a quienes no los poseen.

   Sin llegar a la dotación de Wake Forest y otras universidades, más de la mitad de todos los estudiantes residentes en campus estadounidenses y actualmente las españolas, disponen de una conexión de fibra óptica en las bibliotecas o sus habitaciones en el recinto universitario y el número de aulas en las que se usa E-mail para suplementar discusiones académicas o para recibir tutorías ha crecido más del 60 % desde 1995. Complementariamente, el número de clases en las que se emplean softwares para educación especializada se ha desarrollado hasta un 18 % el año pasado, un 50 % más que el año anterior.

   La conexión, cada vez mayor, mediante redes ha cambiado de modo tan notorio la vida estudiantil que The New York Times planteó el pasado año dos clases de problemas derivados de esa expansión. El primer problema se refiere al creciente distanciamiento de nivel educativo entre universidades privadas, cableadas y ricas, y universidades públicas, mucho peor dotadas.  El segundo problema, de naturaleza individual, alude al ambiente psicológico que se está creando en los campus.

   La evolución es un lento proceso que empiezó en las criaturas que vivieron en el mar y consistían en una sola célula pasando por los animales terrestres y llegando, en épocas recientes, en la última etapa de la historia de la tierra, a las criaturas inteligentes como nosotros.  Toda esta evolución ha tenido lugar de la misma forma, utilizando el mismo mensaje genético, una especie de carrera de relevos que ha llevado la información hacia delante todos estos años.  Lo que va a ocurrir ahora es, según parece, que los próximos seres inteligentes serán distintos, tendrán una inteligencia artificial.  Una de las diferencias será que cualquier máquina artificialmente inteligente aprenderá en segundos todo lo que sepa cualquier otra máquina como ella.  No tendrá que ir a la escuela, sencillamente será informada a toda velocidad. 

  Para nosotros es difícil comprender lo que esto significa pero imaginemos dos máquinas de las mencionadas.  Están hablando entre ellas.  Las interrumpimos y le preguntamos a una de ellas: “¿De qué habláis?”.  Bien, pues en el tiempo que tardamos en hacer esa simple pregunta a una de ellas, ésta le habrá transmitido a la otra más palabras de las que todos los seres humanos han pronunciado o escrito en toda su existencia.  Así, que le sería muy difícil resumir su conversación y supongo que contestaría: “Pues mira... de cosas en general.”