miércoles, 16 de octubre de 2019

GIOVANNI BOLDINI


EL ESPÍRITU DE UNA ÉPOCA

Antonio Campillo Ruiz


   Marcel Prouts, en el último volumen de “En busca del tiempo perdido”, “El tiempo recobrado”, expresa con seguridad que “… el pasado no es un tiempo perdido, es un tiempo que puede ser recobrado a través de la Literatura y el Arte.” Así lo sentimos cuando contemplamos las pinturas de Giovanni Boldini (Ferrara, 1842-París, 1931), y las de una larga lista de autores, entre los que se encuentran Mariano Fortuny, Eduardo Zamacois, Raimundo de Madrazo, Ramón Casas, Joaquín Sorolla o Ignacio Zuloaga, entre otros grandes pintores de la época. En sus obras, todos ellos expresan un tiempo “que fue” pero que su existencia nos resulta familiar porque su espíritu ha quedado suspendido, atrapado, en las obras de este amplio grupo de pintores. Retuvieron en sus pinturas todos los cambios técnicos que se producían en una ciudad moderna y viva donde coincidieron en uno u otro momento, París. Renovaron la concepción del retrato, las escenas de carácter dieciochesco, sucesos amables  y anecdóticos sobre el discurrir del tiempo, del paisaje que sorprendía a sus retinas día a día, a la vez que les sorprendió el precipitado cambio de siglo, requiriendo de su pintura un proceso de renovación sin descanso, que no se produjo.


   Boldini, al igual que muchos pintores españoles, retrata el paisaje pero un paisaje urbano del París cambiante en todo su esplendor, a la vez que se convierte en uno de los retratistas supremos, irresistible y arrebatadoramente ingenuo, correcto y púdico. Aspectos que comparten, en gran medida, los artistas que se especializaron en el llamado “retrato elegante”. Largas y precisas pinceladas, sin mirarlas, pendiente del instante en el que lo real le atrapa, un juego sin fin pues quedará reflejado en la tela. Una tela fresca, de precisión milimétrica plasmando una realidad compleja pero viva, vibrante de un color delicado que impregna, incluso, los contraluces que apagan parte de la luz. La gran precisión con la que dotaba a sus escenas, retratos o paisajes, parecen inexistentes en la Naturaleza, hasta el punto de falsear pátinas de color que cubren algunos retratos para realzar el momento captado.


   Un inexistente vidrio translúcido protege a su pintura y caracteriza su especial estilo, denotando, la decadente pintura de su época y atrapa. Encarcela con la maestría de captar solamente la atención de los sentidos del espectador, la serena contemplación de sus grandes dotes y cualidades, doblegadas ante lo fácil y sutil de la belleza. Transmite alegría por y para la vida pero su nula progresión hacia nuevas corrientes le hace caer en objeto de interés para marchantes y vividores de los que, naturalmente, trata de aprovecharse. Incluso, cuando pinta delgadas señoras de una adinerada sociedad, vestidas a la moda de la alta costura, sus retratos expresan la elegancia frente a la furtiva aparición de ambiguas modistas en muy diferentes poses y lugares que, a pesar de todo, poseen un digno atractivo y encanto. La tradición e innovación, enmarcan a Boldini en un recinto del que no logra salir pero que transmite el espíritu de una sociedad cambiante, de un mundo decadente que inicia su camino durante la primera década del siglo XX.      

Antonio Campillo Ruiz



7 comentarios:

  1. Qué bellas pinturas nos regalas hoy, amigo Antonio.
    No sé si las vemos a través del objetivo de tu cámara, a traves de tus ojos.
    En todo caso, un deleite para los sentidos.

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  2. Los colores, las expreesiones de los rostros, el movimiento... todo destila la joie de vivre de ese París, de esa época.

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  3. ¡Graciaaaas! Veré la Exposición en La Fund. MAPFRE cuando vaya en ahora en Noviembre a Madrid.

    Besos

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    1. Estoy seguro de que te gustará, MYRIAM. Ponme en aviso cuando vengas a Madrid por si nos podemos ver. Un abrazo.

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  4. Qué manos, Antonio, una parte tan difícil que hace a muchos pintores esconderlas o taparlas. Los tejidos. Y qué labios, todas con esa tez que los ingleses llamaban de lirio y rosa. Mujeres que leen, escriben, pintan, tocan la guitarra, seducen, casi siempre con un toque sensual de dejadez
    Como siempre tu mirada va a la diana, soberbia. Me has descubierto a un artista que ni sabía que existía.
    Muy interesante, Antonio, como el vídeo.

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  5. Así es, ANA, manos, labios, tez… delicadeza entretejida en estilos indefinidos pero que poseen los aspectos inmejorables del impresionismo y modernismo. El grave defecto, como en muchos otros casos, el obligatorio paso de las modelos por el túnel negro de la época. Un abrazo, ANAMARÍA.

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