martes, 10 de abril de 2018

EL TIEMPO RENACE


MUSA DE AYER Y DE HOY

Antonio Campillo Ruiz

Françoise Hardy

    Llueve. Las cristalinas gotas de agua resbalan formando riachuelos  por la superficie pulida de los cristales de la ventana. Son semejantes a los que se forman en la piel de unos mofletes huesudos y jóvenes cuando una voz desgrana, con suave cadencia tonal dulces palabras, alguna comprensible, acompañadas de notas musicales que no quieren sino estar presentes envolviéndolas, protegiéndolas. Es la voz de “La Musa”, aquella chica, flacucha, atractiva y joven, muy joven, tanto como quien escucha atentamente con los ojos vidriosos tras la lluvia nacida de ellos. Ninguna historia trivial, ninguna estrella fugaz dejará la oscuridad que ha seguido a la lluvia que cesó, ninguna nube de niebla aparecerá nuevamente para volver a empañar aquella mirada desvaída. No volverá a llover para quebrar el corazón.


 Le large” de Françoise Hardy

Ninguna historia trivial grabada en mi memoria
Ningún barco pirata tomará
el poder
Ninguna estrella fugaz me dejará en la oscuridad
Sin nervios, no ...

Y mañana todo estará bien, todo
estará lejos
Ahí al final cuando despego
Todo estará lejos, dame la mano
Ahí al final cuando despego

No lloverá para estrangularme
Ninguna nube de niebla en mis ojos
desvaídos
Ninguna arena o duna detiene el reloj de arena
No hay área de luna, no ...

Y mañana todo estará bien, todo
estará lejos
Ahí al final cuando despego
Todo estará lejos, dame la mano
Ahí al final cuando despego

Ninguna otra decoración, nada más que tú
Sin llave a bordo, sin suerte para mí

Y mañana todo estará bien, todo
estará lejos
Ahí al final cuando despego
Todo estará lejos, dame la mano
Ahí al final cuando despego

Sin tiburón, sin aire triste
Sin remordimientos, sin terremotos
Sin lengua de madera
Sin caos, no, no ...

Y mañana todo estará bien, todo
estará lejos
Ahí al final cuando despego
Todo estará lejos, dame la mano
Ahí al final cuando despego.

 Françoise Hardy  

   Caminos largos, entrecruzados y diferentes que han conformado una vida quizás feliz, quizás tormentosa pero en todo momento vivida con lucha, pasión y fortaleza. Saber hablar sobre los sentimientos de una manera libre, con delicadeza y refinada ilusión, confiando el punto de vista femenino a todos los matices del amor, mucho antes de que comenzara la parte final de la revolución feminista, es un éxito personal que ha perdurado a lo largo de más de cincuenta años. Françoise Hardy, “La Musa” de muchos de los adolescentes que, inquietos y sin rumbo determinado, en 1968 iniciaron un camino que, como muchos otros, ha cumplido una mayoría de edad que, personas ajenas a él han tratado y posiblemente conseguido, suavizar y desvirtuar. Hoy, cuando aquellos jóvenes son abuelos de los nuevos adolescentes, los sentimientos libres y las ilusiones perdidas son el fruto de la falta de personalidad, sutileza y distinción.

Antonio Campillo Ruiz

 Françoise Hardy


"L'amour Fou" de Francoise Hardy

Señora Condesa
Ven rápido, el tiempo se acaba:
Él te está esperando
Para un último tributo ...
Ármate con coraje
Pretender ...

Su lesión es mala
Y no nos desagrades:
Es inútil ...
Sepa que su alteza
Está muriendo pero constantemente
Verte de nuevo ...

Tu carruaje está avanzado
Y tu entrenador ha recibido instrucciones ...
¿Señor conde?
Él duerme otra vez!
Sabremos qué decirle cuando se despierte,
Si no estás de vuelta ...
No te preocupes ...

Date prisa, señora
Porque eres tú la que dice
- Fuera de lugar -
El último deseo del alma
Bálsamo en el drama
Desde el desenlace ...

Su belleza, su juventud
Rico con tantas promesas
Eras tuyo ...
Serías insensible
Al amor imposible
¿Un amor loco?

No nos conocemos,
No, no sabemos si es un duelo,
Una pelota perdida
O un suicidio ...
Nadie sabe ... Nadie sabe
Excepto algunos fieles ...
Date prisa, señora,
Él pronto morirá
Y quiere encontrarte hermosa una última vez ...
¡Tú eres, eres, eres excelente!
Nadie dirá nada,
¡Nadie sabrá nada!
¡No te preocupes!


INFORMACIÓN ADICIONAL.
Hace una semana, mi gran amigo Enrique Tarragó Freixes me envió, como recuerdo musical, la primera canción “Tous les garçon et les filles” que Françoise Hardy  cantaba en 1962 y “Le large ” que canta en la actualidad, 2018. Este hecho ha sido la idea germinal para la presente publicación.

5 comentarios:

  1. El poder evocador de la música es sublime. A medida que sonaba Tous les garçon mientras leía tu reseña, se hacía visible una jovencita rubia con zapatos planos de bailarina y una revista ELLE dentro de una carpeta vertical apoyada en la cintura, junto al pecho. Sus pensamientos envueltos en planes de viajes y futuro, eran los mismos de Françoise: ¿cuándo aparecerá EL? Y quizá, cuando por fin apareció, igual que pasó en la vida de la bella Hardy, más valía que EL no hubiera aparecido.
    Saludos, Antonio.

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  2. Ay, Antonio, me encantó entonces y me encanta ahora. Esa mujer y lo que representa para mi, y seguramente para muchos de nuestra generación, constituye un antes y después en la música y en la forma de trasladarla a los amantes de ella, de la música que ella nos ofrecía.
    La pasión que le has puesto en el desarrollo de esta entrada, la comparto, dicho de otra manera: Si yo hubiera sabido decirlo así, como tú, así lo habría hecho.
    Un abrazo amigo y, ah, hoy, a mi edad, me queda con L´amour fou

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  3. Realmente evocadoras estas canciones de nuestra adolescencia.
    Me encantaría saber que opinaría nuestra juventud de ahora de la dulce Françoise y su música. No es precisamente, a pesar de su encanto y su cálida voz, de los cantantes franceses más reconocidos y revisados. Creo.
    Al margen del tema, decir que me siento encantada de leer a mis tres blogueros favoritos en correlativa entrada.
    Mi cariño a los tres.
    Y a Antonio, gracias. Siempre.

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  4. Una mujer tan cautivadora para los hombres como para las mujeres. Un himno, un hito..., una musa como tu mismo dices.
    Elegante hasta para envejecer, pese a al fallecimiento de su hijo Thomas, pero: "La´amor est plus fort que la mort"
    Me encanta que esa canción enviada por tu amigo haya generado este delicioso y evocador post.
    Un abrazo, Antonio.

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